miércoles, 27 de abril de 2016

Días santos aquellos

Han pasado los días santos, raudos, huidizos, como codornices asustadas. Habrá que esperar su regreso junto a los días rurales maquillados de polvo y los jocotes, marañones, mangos y ayotes bañados en ricas mieles, sin olvidar, por supuesto, los tamales pisques hechos por las manos primorosas de la abuela Petrona.
La tierra agostada, los árboles con sed y el concierto estridente  de las cigarras nos acompañan en el camino sofocante hacia la casa de la abuela. Lentamente ha caído la tarde y delante nuestro escuchamos un golpe seco: es la puerta de golpes que ha dado paso a la carreta cargada de leña. El chirriar de las ruedas y la trituración de piedras constantes a su paso son como dos instrumentos que se unen al concierto.
Los bueyes vienen cansados, sudorosos. Se les ve tristes, agobiados por el peso, pero no cejan en su misión. Uno es prieto y el otro color chocolate. Ignoro sus nombres y sólo recuerdo el sustantivo de una yunta del tío Isabel: “Caballero” y “Navegante”.
Por fin llegamos. Al pie de la pequeña pendiente de entrada la perra “Canela” es la primera en recibirnos. Ladra, salta de alegría, mueve su cola y en su lenguaje canino pareciera decirnos: “Bienvenidos”. La abuela Petrona, el tío Isabel y demás parientes, felices porque hemos llegado de visita y a pasar los días santos junto a ellos.

Domingo de Resurrección, 27 de marzo de 2016, 3: 53 p. m.



lunes, 7 de marzo de 2016

Antes y ahora

En juveniles días a la mañana sentía regocijo,
por la tarde lloraba, y ahora, cuando más viejo soy,
dudando empiezo el día, aunque no obstante,
apacible y sagrado es para mí su fin.


F. Holderlin, Poemas, Colección Visor de Poesía, p. 27, quinta edición 2005, España

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Amor en tres actos




I

Los novios

Cupido omnipresente
donde quieras estás.
En mar, tierra y aire
te cuelas sin que te llamen;
acudes a las citas como bragas
y te metes en la conversación.
Una mirada aquí,
una mirada allá;
un flechazo aquí,
un flechazo allá
y el amor busca estación
dónde quedarse.

Así pasó contigo.
Sin que te dieras cuenta, dijiste: “Sí”.
…Y tu corazón se inflamó de amor,
de alborozo, de cánticos sagrados
en tus caracoles auditivos.

Sentiste tus pies caminar en el aire
cuando el primer beso tocó tus labios.
Un sofoco en el pecho:
te quedabas sin aire,
pero con el próximo beso
volviste a la vida.

Era como un sueño
del cual no querías despertar;
mas regresaste a la realidad
al escuchar la pregunta:
“¿Quieres casarte conmigo?”

Eso fue el acabose,
porque no esperabas
una pregunta-propuesta así.
Y eso fue para ti como decir:
“Te pasaste, José María, te pasaste”.
Claro que no ibas a decir que no.
Era, como siempre,
tu cuento de hadas y princesas
que se haría realidad.

En una esquina de la avenida,
frente al parque,
el niño en porretas,
desde un árbol,
había descendido al andén
y sonreía malvadamente
y reía como en una película de cine mudo
(porque nadie lo oía)
y de soslayo, miraba a la pareja
que con sus flechas
atravesó los corazones:
Hecha su fechoría, terminaba su misión.


II

La espera

Triste soledad la del mar.
No sobrevolaban aves marinas
ni una embarcación a la vista.
Estaba el mar como anclado a algo;
o peor aún, a la deriva,
ahogándose en su propia agua salada.
Si la melancolía no cabía
en gigantesca soledad,
juro que no sabría decírtelo.
(¿Te Imaginas a un mar
que se ahoga en su mar?
Tu presencia era lo único que importaba.

La playa era un desconcierto de voces inaudito,
pero tú estabas con tus ansias, sola.
El mar, en lontananza,
brillaba como un espejo de joven
que espera, desesperada, a su amado.

Visera era tu mano,
queriendo divisar el buque
que traería a tu prometido.
Viste ondear bandera australiana,
pero la espera fue en vano
(el ruido ensordecedor
de un avión que navegó el mar sideral
enmudeció a los congregados):
el  novio venía por los aires
cual jinete montado en Pegaso



III

Los esponsales

Hay una fiesta en tus ojos:
grande,
de la estatura de tu amor.
Ese amor ya no cabe en tu pecho
y lo repartes
y compartes con todo el mundo,
no importando si es sobrino,
tío, hermano o amigo.

La felicidad te abraza.
El Sol te abrasa.
El amor te envuelve.

Cupido te flechó
y de pronto,
tu cuerpo se volvió un mariposario.
El amor te tiene loca, loquita,
que vagas entre nubes
desgarradas por el viento.

Eres feliz.
¿Quién lo puede negar?
Sólo un ciego de entendimiento
opinaría lo contrario.

¿Cómo puede haber gente
tan ciega que no ve
el milagro del amor?
Por amor, Lazarus,
abandonó el sepulcro
y los vendajes.
Traspasó el umbral
y un violento rayo de sol
hirió sus pupilas:
el Maestro lo miraba fijamente
y el Sol, para Lazarus,
fue sumamente mayor
del que había visto antes.
Lazarus ya no fue el mismo.
Tú, después de la boda,
ya no eres la misma.

El matrimonio
llenó de pajaritos tu corazón.
Sientes una alegría inexplicable,
explicable sólo para Dios.
…Y a ti  te basta
la felicidad que palpita en tu ser.

El amor ha colmado sus mieles.
El vino ha escanciado sus copas.
El trigo ha madurado sus espigas.
Recoge sus mieles,
la sangre de los viñedos,
el trigo maduro
y guárdalos
para cuando el fruto vista de oro.



Para Maribel Angélica Soto Gálvez


Domingo 02/08/2015, 8: 50 p. m.

Julio César Orellana Rivera



jueves, 10 de septiembre de 2015

La salud de los muertos




La salud de los muertos
cada vez está peor.

Se sientan en la plaza,
fuman un cigarrillo,
hablan de sus dolencias.
Se quejan de reumatís
y de dolor de muelas.

El cáncer de próstata
me afecta todavía,
y a mis años no sé
si aguantaré el calvario
por más tiempo. Son ciento
treinta y cinco años ya
de soportar mi dolor.

El tiempo es implacable
y no perdona sea
quién sea. La religión
que profese no importa
ni su raza tampoco.

En la cabeza siento
un punzón que me mata
y el analgésico
ya no domina el dolor,
pero a veces me olvido
de él no recordándolo.

Mira: La gente pasa
y no nos ve ni siente
nada por estos fieles
difuntos, que su vida
dieron muriéndose.

Sí. ¿Será que nos vamos?
La noche se avecina.
Un resfriado podemos
pescar. Luego, recuerda,
que ni las medicinas
se encuentran pagando
en la red del gobierno.

Tienes razón. Vámonos.
Maravilloso hubiera
sido que así de golpe
crearan la pastilla
contra la imbécil Muerte.

¡Cierto! Pero vámonos
a dormir, que la fosa
añora nuestros cuerpos.

Por el sendero
de polvo, dos fantasmas
invisibles al ojo
humano, como cada
noche, van camino
al destino que a todos,
sin prisa, nos espera.



03/04/2015, 12: 05 a. m. (Viernes Santo)


martes, 8 de septiembre de 2015

Un poema


Me estalla el verso en la sangre.
No sé de dónde vino,
porque la senda
fue cubierta de pobreza,
maleza, incuria y olvido.
No hubo sepia
ni blanco y negro,
que evidenciaria mi linaje.

No sé de dónde vino
ni quien me la heredó.
El verso me estalla en la sangre.



Sábado 15/08/2015, 9: 14 p. m.


martes, 17 de marzo de 2015

Jueves 13 de marzo


Hoy mi día comenzó mal. Como monje de convento, a las cuatro y cuarenta y cinco de la mañana la sala se vuelve un lugar sagrado. Estaba entre Laudes y la hora Prima, leyendo El evangelio según Jesucristo, de José Saramago. Un día antes una infante había hecho de las suyas manchando con plumón los sofás, moviendo todo en un lugar distinto de dónde estaban. A la Virgen de Fátima en su cesto la dejó inclinada semejante a la Torre de Pisa,... El día había sido para ella una ocasión para trastocar el orden de las cosas.
Bueno, resulta que en mi lectura levanté un poco la vista a través del cristal de los anteojos y percibí la mirada de la Virgen caía en mis ojos. Misteriosamente vi cómo la Virgen movía su rígido cuerpo  hacia atrás, yendo y colándose por un hueco entre la esquinera y las paredes que trazaban un ángulo de noventa grados. Cayó al piso, rompiéndose en mil pedazos. Yo siempre (bueno no siempre, aclaro) he tenido esa valentía de querer enfrentar  a un fantasma  y quedarme para ver qué pasa. Así fue, me quedé sentado en el sofá esperando a que algo pasara, no sin antes sentir que mis brazos se enfundaban en la piel de una gallina; pero me quedé esperando, y nada. Me fui para la cocina, y la luz del foco comenzó, literalmente,  a pestañear como cuando uno tiene sueño y se le va la luz de los ojos.
Bueno, me dije: "He amanecido con el diablo adentro". 
Para mí el jueves fue trece (voy adelantado en el calendario) y no el viernes trece de marzo, como era en verdad.
(...Así entre nos, ya tengo material para un cuento)

jueves, 21 de agosto de 2014

El grito (histérico)


El día (o el mundo) parece estacionado en un grito histérico, mientras los coches se deslizan en la serpiente de asfalto y en  el colectivo viajan los “turistas” del malvivir, que nadie queda indemne de sus desmanes. El infierno estaría bien para ellos. No me corresponde a mí ser su juez, para CONDENARLOS O ABSOLVERLOS; pero si en mis manos estuviera, yo  condenaría a estos “turistas” a pasar unas vacaciones de mil años en el Averno; luego, al cumplir su condena, les aplicaría otro milenio convertidos en piedra, y los próximos mil años siguientes, que nacieran  en el reino vegetal.

*     *     *
Apenas ayer por la mañana, mientras esperábamos el microbús que lleva a Andrea María al colegio, intercambiamos saludos con la niña Angelita. Siempre pasaba puntual, a las cinco horas con cuarenta y cinco minutos de la mañana, con su pulcro uniforme de trabajo y un suéter color ocre anudado al cuello y la parte delantera del mismo cayéndole sobre el brazo izquierdo. No pensé que ese fuera su último saludo con nosotros… Y la noticia llegó de sopetón, después de la salida del trabajo, con sus variopintas versiones: Que le habían dado un puyón; que vio un herido y  le dio miedo la sangre; que estaba en la siguiente parada de buses después del incidente en el colectivo anterior, cuando le falló el corazón; que alguien vio al autobús doblar a la izquierda y conducirse al hospital San Rafael, porque era urgente la intervención de un galeno; que la habían balaceado;…
La niña Ángela era servicial, amable y respetuosa con sus semejantes. Y  no lo digo porque ya no está con nosotros o por puro decir, sino porque se le sentía esa aura de servicio hacia los demás. Se dirá que estas palabras se le hubiesen dicho en vida y que los elogios póstumos siempre abundan cuando la ausencia física de esta persona es evidente y ya no puede escucharnos; pero es que a veces somos tan insensibles, orgullosos y egoístas que se nos olvida sentir.
La endiablada rutina diaria nos absorbe el alma y hasta el  seso, que olvidamos vivir y recordar el mandato del Hombre que en  la cruz dejó su vida y fue ésta motivo de su Resurrección: Ama a tu prójimo como a ti mismo.
Tal o cual persona era así o era asá dirán muchos cuando alguien ya no existe. Dirán cosas bonitas sólo por congraciarse con alguien que la apreciaba y no dar una imagen de persona chocante ante los demás; pero muy, muy en el fondo son almas exánimes que nada sienten y toman como norma de conducta lo superficial, la vida light.
*     *    *
El bus va atestado de personas que se comen el pan con el sudor de su frente y de quimeras malvivientes que ralean al que se les pone enfrente. Son seres execrables que no perdonan, y su único código es el de despojar de los pocos bienes a los que nada tienen. Son unos malvados, gandules, mangantes,… Pero es que se colma el vaso y dan ganas de robarles el aliento.
Ora pro nobis, Angelita, mientras aún nos hospedamos en este hotel cinco estrellas y el coyote asecha. Ya llegará  nuestro turno y nos darán visa con carta de ciudadanía de un Reino que no es de este mundo (entiéndase como el lugar que ocuparemos en el otro orbe, luego de que  el Juez nos haya sacado tarjeta roja y nos convoque a la selección de los calvos). Pero mientras tanto: Requiescat in pace, doña Ángela.

(Antiguo Cuzcatlán,  entre el  27/08  y el  24/09, ambas fechas de 2012)