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lunes, 29 de agosto de 2016

¡La lluvia, la lluvia, llegó la lluvia!


Pensé que nunca llovería. El Sol ha estado farruco, quemándome la  frente confundida con la coronilla. No ha sido una tormenta de Padre y Señor mío, válgame Dios; tampoco un sirimiri: ha llovido entre la noche de ayer y la madrugada de hoy, como quién quiere y no quiere la cosa; o mejor aún, “ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre.” Yo desperté a la una y media, y escuché su canto  dulce, tierno y arrullador, pero luego, como un bebé recién nacido, me dormí. Esta lluvia ha sido una bendición. Poco me faltó bailar alrededor de una hoguera y hacerle reverencias al fuego para que una tormenta como éstas nos viniera a alegrar el día. Esperemos que llueva como Dios mande, nunca a cantaradas y suframos desgracias, que para eso ya tenemos la execrable plaga de la delincuencia... y eso ya es bastante.

25/04/2016, 1: 11 p.m.

miércoles, 27 de abril de 2016

Días santos aquellos

Han pasado los días santos, raudos, huidizos, como codornices asustadas. Habrá que esperar su regreso junto a los días rurales maquillados de polvo y los jocotes, marañones, mangos y ayotes bañados en ricas mieles, sin olvidar, por supuesto, los tamales pisques hechos por las manos primorosas de la abuela Petrona.
La tierra agostada, los árboles con sed y el concierto estridente  de las cigarras nos acompañan en el camino sofocante hacia la casa de la abuela. Lentamente ha caído la tarde y delante nuestro escuchamos un golpe seco: es la puerta de golpes que ha dado paso a la carreta cargada de leña. El chirriar de las ruedas y la trituración de piedras constantes a su paso son como dos instrumentos que se unen al concierto.
Los bueyes vienen cansados, sudorosos. Se les ve tristes, agobiados por el peso, pero no cejan en su misión. Uno es prieto y el otro color chocolate. Ignoro sus nombres y sólo recuerdo el sustantivo de una yunta del tío Isabel: “Caballero” y “Navegante”.
Por fin llegamos. Al pie de la pequeña pendiente de entrada la perra “Canela” es la primera en recibirnos. Ladra, salta de alegría, mueve su cola y en su lenguaje canino pareciera decirnos: “Bienvenidos”. La abuela Petrona, el tío Isabel y demás parientes, felices porque hemos llegado de visita y a pasar los días santos junto a ellos.

Domingo de Resurrección, 27 de marzo de 2016, 3: 53 p. m.



martes, 18 de junio de 2013


El dieciséis de junio, un día antes del Día del Padre, fuimos con mi padre y mi hermano a un restaurante a festejar. Un día después,  Andrea me entrega una tarjeta hecha con sus propias manos y en la cual me desea felicidades y toda suerte de bendiciones. ¡Muchas felicidades a todos los padres en su día!

jueves, 13 de junio de 2013

El recuerdo de una charla




Si mal no recuerdo, hoy a las ocho de la noche estaré cumpliendo un mes de haber hablado por teléfono con mi prima Bárbara. Me alegró su voz dulce, su amabilidad y su gesto generoso para con  mi familia. Que recuerde, una vez la vi, cuando vino con mi tía de Estados Unidos: quizás tenía entre seis u ocho años. Tenía la piel clara y un cuerpo delgado. No nos hablamos. Tal vez esperé que ella lo hiciera o que mi tía María nos presentara, pero no se dio ni una ni la otra opción; así que fuimos dos primos mudos, que no tenían nada que decirse o contarse. Ahora que lo pienso, creo que fue por la diferencia de edades: yo tendría entre dieciséis y dieciocho años.
Pero ahora que lo pienso, que bien me sentí hablando con ella y saber de mis demás parientes. Fue una noche inolvidable en la que hablamos cerca de una hora. No sé si ella, pero hasta la fecha, yo aún estoy feliz de esa charla entre primos.

Antiguo Cuzcatlán, 13 de junio de 2013 

sábado, 22 de mayo de 2010

Pintura casi terminada


La flagelación del Señor o Jesús de la columna.
Fotografía: Roberto Urrea

La pintura ya casi está terminada. La he titulado "Jesús en el pilar de los azotes". Me ha costado un mundo y no poca ha sido la dedicación (sólo los días sábados, me he tardado casi año y medio), porque siendo de dimensiones (1.00 x 1.50 metros) descomunales (para mi, que no tengo práctica en estas lides) me es difícil hacerlo en casa, porque además, a fuerza de ser sincero, el caballete aún no lo he adquirido. Espero, el próximo sábado, terminarla. Luego vendrá el proceso de ponerle la moldura, que ya se la encargué a don Adrián, y posteriormente, traerla a santuario del living, donde permanecerá si es que alguien no se enamora y decide comprármela.
(Doña Vilma dice, que si ella hiciera una pintura así de grande y así de divina, "ya podría morirse en paz".)

viernes, 26 de febrero de 2010

Charla microscópica

Lunes Santo de Vía Crucis por la vida.
Fotografía: Óscar Puigdevall

En cierta ocasión le dije a Jorge Orantes, que a mí, en lo particular me hubiera gustado vivir en el tiempo de Jesús, para escuchar sus enseñanzas. Pero él me dijo, que de nada me habría servido, porque al igual que toda la muchedumbre, yo sería un incrédulo más y hasta quizás mi grito haría coro con el de la chusma: ¡Crucifícalo!
Quizás así hubiera sido, pero por lo menos lo habría escuchado.

lunes, 22 de febrero de 2010

La dinámica de grupo y el sueño imposible

Jennifer Aniston.
Fotografía: Thomas Becker

El miércoles dieciocho, en una dinámica de grupo junto a mis compañeros de oficina, la facilitadora hizo que nos sentáramos en círculo y dándonos un lazo atado por sus dos puntas ofreció la respectiva explicación. Era que el lazo se haría girar y a quien le quedara el nudo en las manos, a ése le haría una pregunta y luego (una vez dada la respuesta) éste, cerrando los ojos, comenzaría a girar la soga y de repente, diría ¡ya!, que indicaba que nadie tenía derecho a continuar halándola. En una de tantas, yo fui el sorteado. La facilitadora me lanzó la interrogante. Si tuviera una novia famosa, ¿quién le gustaría que fuera? ¿Y por qué? Y yo, poniendo cara de enojado, le respondí muy serio: A usted le gusta incomodar a la gente, sólo cuestionamientos difíciles hace. Y luego, dejando la seriedad en el clóset, dije: Jennifer Aniston. No esperaba que todas las mujeres dieran un suspiro, entre incredulidad y admiración. O como quien dice: ¿Y éste quién es, que aspira a tanto? Bueno, pensé sin decirlo, porque no pasó a más: ¿Y qué tiene que como hombre no puedo soñar? Y luego la justificación: Porque es una mujer hermosa.
En el momento supremo de la respuesta olvidé a Susan Sarandon, Amber Tamblyn, Anne Hathaway, Catherine Zeta Jones, Sandra Bullock,... Y así podría seguir escribiendo más nombres hasta formar mi lista de espera (para mí, que será eterna), pero paro aquí, porque creo que es suficiente.
Le conté a Andrea María, que conoce sobre mis delirios imposibles y me dijo: ¡Qué vergüenza, papá!
Yo sé que son sus celos naturales. Todas las mujeres que le digo son de mi agrado, dice que son feas, feísimas. Sé de sus celos, de sus celos blancos, pero lo dijo naturalmente, sin que mi mente elucubre y mis labios destilen maldades.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Itinerario matutino

Al volante.
Fotografía: José Zapata

5:30 a.m.
Hora de mandar, con una patada en el trasero y directo al Infierno, al bendito y querido Morfeo. Me levanto, y sin pensarlo, voy camino a la ducha. De una sola vez, el regaderazo de rigor para espantar a duendes que todavía tengo en la cabeza y en los ojos.
5:45 a.m. Termino en cuestión de diez o quince minutos, porque enseguida, es el turno de Andrea María. Estando en la alcoba, procedo a arreglar almohadas, a doblar sábanas y a dejar el cubrecamas como si de planchar se tratara. Me visto, salgo a la calle a comprar el periódico y regreso al hogar.
6:00 a.m. Desayuno. Andrea María se toma una chocolatina (mezcla de leche con chocolate procesados) marca Salud. Esto lo hace aún en ropas menores y con un poncho que cubre su espigado cuerpo.
6:15 a.m. María Teresa acicala a Andrea María.
6:35 a.m. Nos disponemos a cruzar la Calle Cuzcatlán Poniente con tal de llegar al parque (antes llamado Plaza de Las Ciencias*, porque estaban los bustos de Albert Einstein, Nicolás Copérnico, Giordano Bruno, etc.) que se sitúa en el centro de la ciudad... Sobre el andén del parque nos incorporamos a la 3° Avenida Sur hasta llegar a la 3° Avenida Norte "Cesarita Esparza", justo donde está el Colegio de igual patronímico.
6:40 a.m. Estamos María Teresa y yo, nuevamente en la esquina de parque donde hicimos el primer cruce, delante de la araucaria. Nos tomamos de la mano, dispuestos a cruzar la Calle Cuzcatlán Poniente. Doy el paso hacia adelante, porque observo que, de Poniente a Oriente un coche viene lo suficientemente lejos como para llegar a salvo al siguiente andén. María Teresa, de repente, me obliga a detenerme, porque el coche de una señora con una colegiala a bordo viene hacia nosotros a toda velocidad, quizá porque ya va a destiempo. Se detiene frente a nosotros y la adolescente se lleva una mano y agitándola en el flanco derecho de su cabeza, con su gesto y palabras no da a entender que somos unos estúpidos. Y yo, con toda la cólera que me sale del cuerpo me llevo ambas manos hacia ambos flancos, repitiendo el gesto que la joven hiciera y le digo: "¡Pasmada!", porque es lo que se merece (o merecen) por insultarnos sin tener la razón ni la ley (conducen en contrasentido) de su parte.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Manuel (III)

Gas and cafe.
Fotografía: Lucas Janin

Hoy disfruté de la grata compañía de Manuel. Estaba en casa, y el timbre del celular* me dijo que alguien estaba en la línea. La pantallita, por el contrario, no dio señales de identificación, porque aún no tenía registrado con nombre y apellido el número en cuestión.
(Andrea me dijo, que antes de mi llegada había timbrado, pero que por eso de las extorsiones se había negado a contestar.)
Acordamos tomar un café. Llegó a recogerme. En el camino decidimos qué ruta tomar. El punto era buscar un lugar, entre Jardines de Guadalupe y La Sultana. Vimos La Cantata del Café, y ahí nos estacionamos. Manuel se tomó dos americanos y yo, dos café con leche.
La tertulia estuvo amena. Hablamos de nuestros días de adolescencia en la escuela, de las chicas que en ese momento nos gustaban. Entre ellas salió a colación, Gloria Francisca, una niña pecosita, tez blanca y cabello quebrado, muy linda, por cierto. Hablamos de Isabel, que vivía en El Valle Nuevo, e incluso, de los días blancos y de novias, ahora lejanas.
Por eso y por la agradable compañía, fue una velada estupenda.
Saludos, Manuel.


* Ya registré tu número en el celular.


jueves, 12 de noviembre de 2009

De cómo la furia y la mala vida se llevaron a "Sansón" al sepulcro

Bombón de dulce de leche.
Fotografía: Elza Guevara

Fue ayer, como faltando un cuarto para las siete de la noche, cerca de la Casa de la Cultura y a unos cuantos pasos de su residencia que, un par de sujetos vestidos de negro le asestaron de entre siete a nueve balazos a "Sansón". Éste era un tipo de cuerpo recio, que doblegaba al CAM y los PNC a pura fuerza bruta. Era poseedor de una fuerza descomunal al estilo Sansón, un cuerpo de ropero y brazos de cangrejo con bíceps vigorosos. Sabía que, una vez abrazando al contendiente con sus brazos-tenazas, al sujeto le era imposible zafarse; lo hacía perder el equilibrio tirándolo al suelo y ya tumbado lo agarraba a puntapié y a pescozada limpios. Sabía, nuevamente, que esa era su fortaleza y la explotaba.
En nombre de la verdad, habrá que decir que ya tenía algunas violaciones en su haber, tráfico de drogas en su espalda. Era un caco consumado y algunos intentos de secuestro no fueron ajenos a su bajeza.
Como dice el refrán: "El que mal anda, mal acaba". Y ésta no fue la excepción, y más de alguno habrá dicho (o pensado) que un bien le hicieron a la sociedad, porque en las estadísticas habrá una violación menos, un secuestro menos, un robo menos y un drogadicto menos.

lunes, 24 de agosto de 2009

El pitero-tamborilero, don Santos Quevedo


Tamborilero
Fotografía: Juan Manuel Pérez


Don Santos Quevedo era bajito, calvo y tuerto. Que yo recuerde nunca usó zapatos, aunque su hijo Félix me afirma lo contrario.
"De San Pedro Perulapán se vinieron buscando mejores oportunidades de trabajo, "me responde Félix a la interrogante de cómo y porqué llegaron a Antiguo Cuzcatlán.
-- Según entiendo, Félix, aquí había empleo en las fincas todo el tiempo: abonar los plantíos de café, hoyar, sembrar, podar los árboles que dan sombra al cafeto, cortar café,...
-- Sí, año con año venían mi papá, mi mamá y Sixto, mi hermano mayor, y poco a poco el trabajo-necesidad, los obligó a quedarse.
Religiosamente, por las tardes, lo veía pasar frente a mi casa y de pronto, en la suya, se armaba todo un carnaval con el pito, el tambor y un montón de "viejos" enmascarados: allí había diablos, mujeres panzonas con caras de bruja y monstruos de dientes descomunales. Luego salía la recua de "viejos" hacia la alborada, acompañada del vecindario de cipotes y de don Santos Quevedo a la inversa del Flautista de Hamelin.
La primera alborada salía del Plan de La Laguna, de donde mi padrino Marco Tulio. Yo iba por la horchata, el marquesote y el pito de barro. Los "viejos" bailaban al son del pito y el tambor: asustaba a los niños que creen en todo lo que ven, a las mujeres desprevenidas que de todo se asustan; a mí, no eran ellos sino los petardos de vara ¡pom, pom! Las alboradas finalizaban en la víspera festiva de Los Santos Niños Inocentes.
Guardo en la memoria el momento en que don Santos Quevedo y su familia dejaron de ser mis vecinos, pero no supe qué derrotero tomaron.
Las alboradas siguieron año tras año, pero ya no con don Santos Quevedo que era un señor bajito, calvo y tuerto, sino con un hombre cuyo nombre y rostro no logro identificar en mis recuerdos. Muchos años después, Félix me comentó que don Santos había vendido sus instrumentos musicales y máscaras rituales a alguien que él tampoco recuerda.
(El pito y el tambor perdieron presencia en las alboradas. Ahora un carro sonoro con la grabación del Torito pinto las acompaña, y unos "viejos" que ya no asustan a los niños, porque no creen en todo lo que ven ni a las mujeres que de todo hacían un bien elaborado jaleo, y mucho menos a mí los petardos de vara ¡pom, pom!, pues con los años acumulados en mi espalda ya sumé valor contra el miedo.)
Pocos meses antes de la ofensiva "Hasta el tope" y después de ciento dos días de hospital, muere don Santos Quevedo y con él la cultura del pitero-tamborilero y de los "viejos" enmascarados. Murió don Santos, y la vida cultural en Antiguo Cuzcatlán feneció de golpe, sin mayores aspavientos que las voces amigas dictando a coro la sentencia del funeral.

jueves, 13 de agosto de 2009

Venancio y su gracia

Pájaro carpintero - Menalerpes Striatus.
Fotografía: José M. Pantaleón I.


El copetón es el mismo cheje o pájaro carpintero. Venancio Rodríguez, en cierta ocasión, que de una bomba llevamos cantaradas de agua para la construcción del puente "Caricias," les dijo a mis compañeros que yo era un "Copetón." Y pocos compañeros le siguieron la guasa. Algunos, creo, me defendieron de tan insidiosas palabras, porque era nuevo en la escuela y mi persona no supuraba (ni supura) mala leche. Entre ellos, sin mal no recuerdo, estaban Abrahám y Lichi, hermanos que no se parecían en nada en su actitud: mientras que el primero era callado y un poco tímido, el segundo hablaba hasta por los codos y molestaba más que tres personas juntas.
El pobre Venancio, como tenía muy mala dentadura, le apostó a ahorrar una buena suma de colones para ponerse un puente, y fue tan mal trabajo que, cuando sus dientes pretendían arrancar un pedazo de caña, éstos quedaban asidos a la rolliza vara; así que mejor ni comerla. Quedan muchos recuerdos en el tintero; otro día, en la medida que la meroria me los dicte, los iré escribiendo.

"Pájaro Loco"

Fotografía: Bernardo Mora Cadavid

Del quinto al noveno grados, hubo otro compañero que llevó con suma paciencia y buen gusto en su espalda, el alias de "Pájaro Loco"* (Woody Woodpecker). A él sí, creo adivinarle el por qué se ganó el sobrenombre del dibujo animado que creó Walter Lantz. A fuerza de ser sincero, si la infiel memoria no me falla, era bastante alocado, casi llegando a comediante. Esto otro, la memoria lo cree recodar, pero que está muy a tono con el personaje. Al parecer tenía una manera muy singular para hablar: era un poco tartajo y hablaba muy rápido. Creo que por eso, con propiedad, se ganó alias de "Pájaro Loco."
* En este momento no recuerdo (tampoco parece a pie juntilla, que lo recordaré) ni cómo se llamaba el susodicho compañero .

Manuel (II)

Casco y collera de lobo tlingit
(Museo de América)
Fotografía: Luis García

Aún ignoro el por qué a Manuel, algunas veces le llamaban "Casco". Ahora que lo pienso, Manuel, ni siquiera tenía (ni tiene) la cabeza parecida a un casco, para que algún "chistoso" le haya nombrado por tan ofensivo y semejante remoquete. Los alias, en la adolescencia, son pletóricos, gracejos e imaginativos; otros, por el contrario, son acres que lastiman la autoestima de quien lo lleva a cuestas.
Ahora que lo pienso, Manuel, ¿por qué te decían así? Queda pendiente aún, preguntárselo en vivo, en directo y en persona.

miércoles, 12 de agosto de 2009

El teatro estaba en sus venas

Maternidad.
Fotografía: Pablo Blanco


Veintiséis de noviembre de mil novecientos noventa y siete. La serpiente de asfalto, levemente húmeda por la escasa tormenta del invierno ido se sacudía la piel con el rodar de las llantas.
Caminaba frente a la “Torre Roble”, en Metrocentro. Mi destino era el Hospital Materno Infantil Primero de Mayo, y como tenía tiempo de sobra, no me caía mal un ligero estiro de piernas hasta el nosocomio.
Ese día marqué con insistencia el 271-1166. Una voz al otro extremo me respondía: Se encuentra en sala de partos. Algunas veces la informante era más histriónica: Está en sala de partos; no lo puede tener la pobre. Casi al final de la tarde me convencí de que la empleada no necesitaba estudiar teatro, porque ya lo traía en la sangre: No lo puede tener: cesárea le van a practicar, ¡pobrecita!
Como a eso de las seis de la tarde llegué a Información y pregunté por quién tenía que preguntar. Mi interlocutora (con señales evidentes de juventud jubilada) haciendo suya mi angustia – aunque mi preocupación andaba de vacaciones: ¡eh, ahí, la gran farsa de la persona que tenía frente a mis ojos --, abrazó en su hipócrita corazón la pena que no sentía, exclamando con voz quejumbrosa: ¡No lo pudo tener, cesárea le hicieron a la pobrecita!
Más tarde pude observar que el teatro no era gratuito. Gente con ingenua bondad cayó en la trampa, dándole algún obsequio como gesto de agradecimiento por haber hecho suyo un dolor ajeno.
Luego vino la confusión mental, cuando una enfermera entró a sala de partos gritando el nombre dado por nosotros y nadie había respondido al de María Teresa. Sólo entonces me llegó la preocupación, acompañada de un racimo de interrogantes: ¿Cómo es posible que no tengan control de las pacientes que ingresan a sala de partos? Aunque no quería pensar en la fatalidad, el cerebro me ordenó: ¿Habrá fallecido, y los médicos no se enteraban o estará el forense ejecutando su rutina diaria ahora que la tarde lanzaba su último aliento? ¡No puede ser!, me decía a mí mismo para inyectarme ánimos.
Ante la insistencia de querer ingresar al Hospital, uno de los porteros llamó telefónicamente a la encargada de turno, para decirle que tal persona no se encontraba y que todo el día había permanecido en sala de partos.
Con nombre en mano, se ordenó a varias enfermeras la búsqueda de mi consorte. Una de ellas, al fin, regresó con la noticia: Está en sala de recuperación, por la anestesia, porque le practicaron cesárea. Dentro de pocos minutos la van a sacar.
El corazón volvió a su lugar y sólo entonces, la inquietud se marchó quién sabe adónde.
La espera terminó como a eso de las diez de la noche, cuando la traían del fondo de la sala. Antes de entrar al ascensor tuve la oportunidad de acariciarle la frente y apretarle suavemente la mano.
- ¿Qué tuvo Tete? – le preguntó Jaime, esposo de Jeannette, que ahí estaba también.
Como si el aire se le fuera a escapar por un momento, haciendo supremos esfuerzos lo retuvo y pronunció suavemente: Niña.
Cumplido el deseo de mi esposa, ambos por primera vez, nos estrenábamos en ser madre y padre y con una oración agradecí a Dios por la oportunidad que nos dio de firmar con nuestra sangre la vida de  Andrea María.

lunes, 10 de agosto de 2009

Manuel

Feliz día dos amigos!!!
Fotografía: Simone Sattler


Manuel me contó que su padre se cambió de equipo: que ya no juega entre los vivos, porque se puso la camiseta de los muertos. Que su padre, antes de morir, vendió el terreno y la casa familiar. Que su familia se cansó de la monotonía del país y se fue a fabricar sueños a Estados Unidos. Que ha quedado solo, sin vínculo sanguíneo de papá y mamá, pero acompañado de la familia que él y su esposa, juntos, han creado.
Ya se rompió, con la venta del terreno y la casa paterna, el vínculo que lo unía a la parcela donde nació y ahora, los lazos sanguíneos de padre y madre han viajado lejos, a la "Fábrica de los Sueños," para tener y vivir una vida en abundancia. ¡Qué triste debe ser estar lejos de la sangre y qué alegría, vivir cerca de la nuestra!
Para Manuel López
Domingo 09/08/2009, 10:30 p.m.

domingo, 9 de agosto de 2009

Los viejos amigos se encuentran

Mi osito Kodak y el perro Hush, mis viejos amigos.
Fotografía: Salvador Bertenbreiter

Hoy por la mañana, al despertarme, tuve un sentimiento de culpa: estuve de vacaciones y no visité a mis parientas. Pude recordar con claridad los días estudiantiles del tercer ciclo de educación básica. Cómo olvidar a Carlos Tobar, a Manuel Molina, a Venancio Rodríguez, a Memo Monge, a Pablo Hernández, a Dora Alicia Hernández, a Reina Élida Hernández, a Manuel López. Memo, Pablo, Dora y Reina venían del cantón Jayuca; Carlos y los dos Manuel, del El Valle Nuevo y Venancio, de El Jiote. Manuel López y yo nos diputábamos siempre el primer lugar del curso. En sexto y séptimo grados le arrebaté literalmente el primer lugar, porque él se los llevaba toda la vida; el octavo grado si ya dediqué mis energías adolescente más a la broma que al estudio, y pude, arañando, obtener el tercer lugar. En noveno grado, ya ni se diga: ni primero ni segundo, ni tercer lugar. Todos los primeros lugares de la educación básica se los acreditó Manuel López. Era justo y necesario, era el más dedicado, y yo, ya no era ni la sombra de lo que fui.
Pues de éste último quiero hablar, de Manuel López. Tenía añales de no verle y, de repente, cuando iba para el sepermercado, de un vehículo, que a su vez fue disminuyendo la marcha hasta estacionarse unos metros más adelanre, escuché el claxon. El conductor bajó del coche y para mi sorpresa era Manuel López. Nos fundimos en un fuerte y cálido abrazo. Le comenté que iba para el supermercado y, de paso, le dije que me acompañara a un café; aceptó gustosamente. Hablamos, como era de esperarse, de nuestros tiempos de estudiante; de los compañeros que en su mayoría viven en Estados Unidos; de Reina Élida que se introdujo en el hábito de monja, pero luego al cual renunció. Nunca supo Manuel y mucho meno yo, el por qué abandonó las vestiduras de Dios. De seguro, decidió servir a Dios desde otro modo de vida, que también es válido y requiere mucho valor: el matrimonio. Pero son conjeturas, porque la verdad la sabré el día en que, primero Dios, la vuelva a ver. Ojalá y así sea y luego le comento a Manuel, si es que él no se ha encontrado con ella antes que mí.
Ha sido una tarde muy agradable en compañía de Manuel López. Nos despedimos, y tanto él como yo, esperamos un día tener mayor tiempo para conversar y recordar los tiempos idos.


Para Manuel López, que con telepatía, lo convoqué a esta reunión.

martes, 28 de julio de 2009

Frank

La mariposa posa en la puerta de Francisco.
Fotografía: Francisco González
Francisco González estudió Leyes en la universidad de los jesuitas. Siendo un niño su madre le regaló La Biblia del niño y, en sus horas de sueño se devoró a Jesús junto a sus doce apóstoles. Fue entonces, que la pasión por la lectura se lo comió a él; ya no pudo parar y por más que quería detener su pasión bibliogrófaga (de comerse a cuanto ser humano estuviese escrito en papel: Adso de Melk, Jean-Baptiste Grenouille y muchos más) ya no pudo (y no puede) ver a los libros como folios encuadernados sino como un banquete de sibarita.
Estudiando con los jesuitas tuvo contacto con Jorge Galán, que lo guio por el camino del cuento. Tiene escritas varias narraciones, las cuales aún no han visto luz pública; son buenas como el pan y tienen un sabor a misterio.
Me menciona el título y autores, que algunas veces desconozco y yo le menciono otras que tampoco él las ha leído. Ambos nos hartamos del pan, que casi nadie está dispuesto a probar.

jueves, 9 de julio de 2009

El matemático - poeta

Inspiración japonesa.
Fotografía: Albert Ruiz


Uno en la vida conoce a personas que nunca termina de conocer ( mi consorte es una de ellas, por ejemplo). Es más, hasta la boca se nos queda chiquita con un ¡guao! de asombro y de admiración. Esto me ocurrió hace pocos días, el martes treinta de junio apenas. Al profesor Rafael Antonio Gallardo lo vengo observando desde hace nueve años atrás, y su conducta y rectitud han hablado por él como una persona sin tacha y sin soberbia, que me atrevería a "meter las manos al fuego" por él, porque sé que de esa hoguera saldría sin llagas.
El profe Gallardo, como es conocido, ejerce la docencia en las especialidades de Matemática y de Educación en la fe (que para eso estudió Teología). No es común que de entre todos los seres que constituimos lo que llamamos Humanidad y que dedicándose a la ciencia de los números, resulte un matemático - poeta. (Y aquí, en este punto, hago una pausa para pensar) . Bueno, sí, la Humanidad ya parió a un científico - escritor. Hablo de Ernesto Sábato, quien en 1945 abandonó la física para dedicarse a la literatura (y vaya que salió bien librado: El túnel, Sobre héroes y tumbas y Abaddón el exterminador, sólo para mencionar algunos ejemplos.)
Pues bien, lo que quiero decir es que el profesor Gallardo, de entre sus textos escritos, tuvo la amabilidad, primero, de declamármelo de memoria y luego, regalármelo por escrito. Esto es la muestra de lo que es su estro poético. Deléitese y coméntelo entre sus amigos y parientes.


Ataúd


La ciudad siendo la misma
como el aire que por ella vaga…
El día en que dos cuerpos enterraban
dos familias distintas lloraban.

Un ataúd eran de oro sus adornos
como el cuerpo que dentro iba…
La gente lloraba lágrimas de alegría
y sus pensamientos coincidían,
pues inmensa fortuna dejaba.

El otro era tosco y sin pintar,
con adornos de papel celofán.
Descansaba el sueño eterno
el padre, el sustento y el pan…
Los hijos lloraban incansables al ver que se iba,
pues él era el pan y la vida.
Aquél golpe era sin freno…

Un ataúd eran de oro sus adornos.
Caravana inmensa de vehículos acompañaba…
Todo brillaba, pues era Don que ahí bajaba.
La calle era despojada de intrusos.

El otro era tosco y sin pintar,
con adornos de papel celofán.
Cargado en la nuca por sus hijos tristes
que llevaban a su padre a enterrar…
Todo era oscurecido, aflicción y palidez.
La madre, unos amigos y el compadre acompañaban…
Un vacío, una herida que nunca iba a sanar
era lo único que quedaba después de llorar…

La ciudad siendo la misma
como el aire que por ella vaga…
El día en que dos cuerpos enterraban
dos familias distintas lloraban…


(29 de noviembre de 1976)

viernes, 19 de junio de 2009

Entre cefalea y perfumes nocturnos

Mariah Carey new perfume.

Fotografía: Rosa Valenzuela Yánez



Una fuerte cefalea me obligó, por un buen rato, a no conciliar el sueño. Tuve que tragarme un par de analgésicos y aplicar un ungüento en mi amplia frente con la intención de aminorar el dolor que, como un punzón se introdujo en mi cabeza. La noche, con el avance del reloj, ya tenía sus años acumulados y por fin, pude dormirme no tan plácidamente como yo hubiese querido, pero por lo menos pude echarme un pestañazo. Eran las dos o cuatro de la madrugada cuando desperté apurado por un deseo irrefrenable de depositar en el baño un poco de agua menores, pero como siempre, me fui al traspatio a regar a las plantas. Llegué al lugar preciso, como un rey llega a su jardín con la confianza de que, cuando se deshace en amores con la reina, nadie lo observa y fue entonces, que comencé a desaguar mi vejiga. Antes, durante y después de expulsar mi orina un olor penetrante y agradable se posó en mi nariz que, según mi olfato era de mirto; pero avancé unos pasos, porque una luz del alumbrado público que oblicuamente penetraba potente desde la calle en el traspatio, no me permitía observar el arbusto del cual procedía el agradable olor; la luz era cortada con navaja por unas matas de guineo de tal modo que, el mirto quedaba detrás de la luz, a oscuras por la sombra proyectada de otras plantas y hacia delante sólo podía ver los brazos fantasmagóricos de otros arbustos, porque como ya dije, la luz era cortada por las matas de guineo, y vi que el limonero estaba pródigo de flores de azahar. Hubiese querido ser Jean-Baptiste Grenouille para separar, con mi olfato, cuál era el perfume de la flor de azahar y cuál era el olor del mirto, porque ambos se fundían y confundían en uno solo.