sábado, 6 de diciembre de 2008

Eliminemos la violencia...

Eliminemos la violencia: los niños queremos paz, es el título de la obra pictórica que Andrea María presentó al certamen convocado por la Corte Suprema de Justicia y Concultura. Cuando fui a dejar esta obra a la Corte el treinta de septiembre, estaba cayendo una de las últimas torrenciales lluvias de invierno. Invertí bastante tiempo en andar buscando la bendita oficina y mientras mi cuerpo se bañaba con agua del cielo (como si no bastase el baño diario de la mañana), yo andaba bien protegida en una bolsa plástica la obra de Andrea.
Dividido en dos partes (por esa línea negra que atraviesa más de la mitad de la pintura), como un cómic.
La técnica fue mixta: acrílico, yeso pastel seco y algodón.
Sobre la obra. Son unos niños, creo que discutiendo por algo, pero al final se reconcilian y convergen en que hay que eliminar la violencia.

El procaz don Francisco

El pícaro. Fotografía: Emilio A. Pacios


A don Francisco, al igual que a don Élmer lo conocí en una empresa, cuyos accionistas eran los Henríquez. Para llegar a la segunda planta donde se hacinaban varias sociedades de los mismos dueños, primero, había que traspasar una puerta de vidrio, subir unas gradas que se quebraban en "C" y al final de la escalinata se encontraba don Francisco. Luego se empujaba otra puerta de vidrio y ahí se hallaba una oficina oblonga con tres cubículos en el flanco izquierdo y el resto de la infraestructura para los encorbatados, que se ubicaban en sus escritorios, sin simetría y sin orden, como una oficina gubernamental.
Francisco Farré, auxiliar de créditos y cobros, al final; Jorge Orantes, auxilar contable, un poquito más allá de cintura de la oficina y yo, casi en la mitad de la misma.
Pero de quien quiero hablar es del personaje que dejé detrás de la segunda puerta que abrí, don Francisco. Bien, era un personaje quizá con unos ochenta años en su espalda, cabello nevado, alto y una picardía propia del que, desde infante aprendió de alguien que fue más pícaro que él.
Contaba que fue expulsado de la escuela, porque le zampó una pedrada a su profesor de segundo grado. Pero lo contaba con una frialdad en la que el acto no resultaba ser grave ni que tal hecho le ameritara la expulsión del recinto escolar. En otras ocasiones era demasiado procaz, y al ver pasar a alguna dama o señora, compañera de oficina, decía:
-- Fíjese que la Fulanita ha comprado un pedacito de la grande para hacerse rico, rico.
Lo decía tan natural que cualquier oyente no podría pensar en el doble sentido que él mismo aplicaba a sus palabras.
Ignoro si don Francisco ya habrá entregado su alma a Dios o al Demonio... digo, por las diabluras que cometió.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Don Élmer y su sabio trabalengua

Viaje a la Luna. Fotografía: Fernando Martínez


Don Élmer era un señor muy jovial. Digo era, porque ya hace varios años entregó su alma al Creador. Tenía sus dichos y trabalenguas llenos de sabiduría; de entre ellos sólo recuerdo uno, el cual me escribió para que yo lo aprendiera, y decía así:

Es que hay unos,

ya porque uno,

piensan que uno

y no sólo uno,

también uno.

Siempre existen personas que se ufanan por saberlo y hacerlo todo y creen que sólo a ellos les es dable tal o cual capacidad o destreza para hacer cualquier cosa; se pavonean por doquier sintiéndose los reyes del mundo. Son los únicos que pueden realizar proezas inconceblibles e inimaginables. Ahí entra la sabiduría popular de don Élmer: tambien uno (o nosostros) puede (o podemos) hacer magnas hazañas, no sólo los vanidosos.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Bestialismo

Cariño, quiero ese cuadro. Fotografía: Guillermo Oyágüez


-- ¡Papá! -- gritó muy alterado, Jonás.

-- ¿Qué pasa hijo? ¿Por qué tanto escándalo?

-- Desplumé a la gallina.

-- Hubieras dejado que tu madre lo hiciera. Además, eso no es motivo para armar semejante jaleo.

El padre continuó leyendo el periódico del día jueves cuatro de noviembre. Jonás sentía una gran culpa por su acción y siguió con su perorata.

-- Te estoy diciendo que la follé.

Don Santiago frunce el ceño entre estupefacto y ridículo. Se apea los gruesos aros del tabique nasal, y suelta palabras compasión hacia su hijo.

-- Pero eso no es gran pecado, hijo, serénate. Pero en todo caso sí estoy muy molesto contigo. Yo te habría hechado la mano en tan delicada tarea y no me avisaste. Vamos, continuemos con la obra, hijo mío.

-- Ya no podemos papá. Cuando saqué el miembro, la gallina quedó como un saco al revés.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

La fonda de don Damián (II)

La lanza de Longinus. Fotografía: Nicolás Moulin


SEGUNDA ESCENA

Jesús está de espaldas y Poncio Pilatos frente a Él. Dos soldados le hacen guardia, uno en cada flanco de la silla. Caifás y Anás, miembros del Sanedrín acompañan a Jesús. Pilatos cuestiona al Mesías.
PONCIO PILATOS. Así que tú eres Jesús: ése del que tanto habla la plebe, la gente sin oficio.
JESÚS. Tú lo has dicho.
PONCIO PILATOS. ¿Ya sabes de qué te acusan? Te llamas "Hijo de Dios", "Rey de los Judíos",...
Lo interrumpe Jesús.
JESÚS. Lo dices porque tu mente llegó a esa conclusión o porque ya te entregaron el cadáver para el entierro.*
PONCIO PILATOS. Soy el Procurador; el cargo lo tengo por méritos. No necesito que nadie piense por mí. (Molesto)
A Pilatos algo le pica en la espalda. Llama a la esclava.
PONCIO PILATOS. Esclava Isaura, ven. Me pica la espalda, ráscame.
La esclava Isaura acude al llamado. Poncio Pilatos despega su espalda del resplado de la silla. La esclava Isaura, sobre la tela, hinca sus uñas.
PONCIO PILATOS. Más abajito, a la derecha, por la paletilla; ahí, ahí, ¡aaaaaaah! Ya estuvo suave (serio): puedes marcharte.
La esclava Isaura obedece. Poncio Pilatos cruza su antebrazo sobre el abdomen y apoya el codo derecho en su muñeca izquierda, llevándose la mano al mentón y acariciándose la barba se le nota dudoso, pensativo.
PONCIO PILATOS. ¿En qué estábamos, Jesús?
JESÚS. ¿No lo recuerdas? Esas lagunas mentales son síntomas de Alzheimer.
PONCIO PILATOS. ¡Qué Alzheimer ni qué ocho cuartos? (Parece recordarlo) Ah, sí, en que crees ser el "Hijo de Dios" y un Rey sin corona.
JESÚS. Mi Reino no es de este mundo.
PONCIO PILATOS. ¿Y entonces de cuál? (Burlándose) Llévame contigo para poder asesorarte. Necesitarás de un buen administrador.
Se queda gesticulando en silencio, como un loco. Su cara ya no parece la de un procurador sino la de un orate, que ha salido del manicomio. Un tonto al que nada le importa. Se pone la mano en cada lateral de la cabeza, como si le doliera. Luego se las quita, y con ellas se toma el cuello, ahorcándose; se queda sin aire y cae al suelo. Queda inmóvil. Los soldados y los miembros del Sanedrín acuden a auxiliarlo.
SOLDADO 1. Procurador, ¿qué le pasa?
SOLDADO 2. ¿Qué le pasa, Procurador?
El aire vuelve a sus pulmones. Reacciona, balbucea entre dientes. Primero algo ininteligible.
PONCIO PILATOS. Otsircusej, yer ed sol soíduj. Út on sere yer, oíduj edleber.
Luego señala con su dedo índice hacia un lugar invisible, y con vozarrón de trueno escupe palabras de burla.
PONCIO PILATOS. Tu Teino, ¿no será como aquél? Ja, ja, ja,...
En primer plano aparece un juglar y declama el poema "Señor: ayer te vi pasar..."
Señor: ayer te vi pasar con la cruz
al hombro. ¿Sabes?: sentí tanta pena
y tanta angustia al verte en tal faena;
mas yo aún no levanto la testuz.
¡Como sufres con el tosco madero:
te domina el peso y al suelo
caes! Tan díscolo soy a tu celo
de salvarme del trajín altanero.
Digo seguir tus paso, sin embargo
sigo siendo el mismo. Te atizan
para que pronto consumas tu cargo.
Me quedo plantado en el camino
y ahora que los demás se frisan,
yo estoy en un total desarino.
San Salvador, octubre 04 de 1990
* En este punto de la conversación, Jesús ya presiente (y sabe), que su vida pende de un hilo.

martes, 2 de diciembre de 2008

Lo estéril del discurso

Fiesta de las flores y palmas, Panchimalco. Fotografía: RVSV


¿Qué hay detrás de los discursos políticos? Hipocresía, falsedad, estolidez y vacuidad, resumida en una sola palabra: NADA.

La ventaja que ofrece el uso de máscaras, es que uno puede despojarse de ellas a la hora que quiera. A los políticos no les es dable dicha ventaja: ya la llevan adherida a su rostro, como El hombre de la máscara de hierro, y si se la quitan, temen verse con la faz deforme y mostrarle a la plebe su propio demonio.

lunes, 1 de diciembre de 2008

La fonda de don Damián

El Diablo Bar. Fotografía: Vexed Llama

Para Fedor,
para Eliseo.


PERSONAJES
JESÚS
PONCIO PILATOS
SOLDADO 1
SOLDADO 2
CAIFÁS
ANÁS
JUGLAR
FÉLIX
FERNANDO
DON DAMIÁN
DON SATÁN
MELCHOR
GASPAR
BALTASAR
MARÍA
JOSÉ
ÁNGEL TOMÁS
ÁNGEL CARMENCITA
ÁNGEL DOMINGO
ÁNGEL ÁMILI
ÁNGEL MARCO ALFREDO
ÁNGEL MARÍA
ÁNGEL SANTIAGO
ÁNGEL JUAN
ÁNGEL JUDAS
ÁNGEL JUANITA
ÁNGEL ESPERANZA
ÁNGEL ADONAI
ÁNGEL GABRIELA
ÁNGEL ANDREA


PRIMER ACTO
PRIMERA ESCENA
Entran en la fonda dos jóvenes universitarios. Hablan de lo bien y de lo mal que les ha ido en los últimos exámenes. A la izquierda el mostrador y tras él, el mesero. El mesero es un hombre obeso, con camisa arrremangada y mandil. Se entretiene por diversión limpiando platos, vasos y cubiertos. Silva una canción de moda: es un hombre que la seriedad la aplica al dedillo en su trabajo. Enfrente un gran rótulo que dice: FONDA DE DON DAMIÁN.
FÉLIX. ¿Y cómo te fue en el examen de contabilidad?
FERNANDO. Pues creo que bien. Sólo me quedó una pequeña duda, que por el momento no recuerdo cuál es.
FÉLIX. A mí no tanto, porque la bendita conciliación bancaria no me cuadró.
FERNANDO. Perono te preocupes. Recuerda que el catedrático siempre toma en cuenta el procedimiento.
FÉLIX. Tienes razón. No debo preocuparme antes del tiempo; por lo que si debo preocuparme es por estudiar un poco más, porque para este examen me atuve... no sé ni por qué.
FERNANDO. Mira a propósito, cómo pasa de veloz el tiempo, pues ya es veintitrés de diciembre.
FÉLIX. Ah, sí, la antevíspera de Navidad. ¡Me encanta la Navidad!
FERNANDO. Cierto, pero a mí la época que más me gusta es la Semana Santa, porque me hace vivir interiormente la Vida, Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo.
Fernando se queda pensativo. Reflexiona, y luego habla sobre las vicisitudes que tuvo Jesús en la Tierra.
FERNANDO. Sí, Félix, pobre Niño, no sabía con qué mundo tan malvado se iba a encontrar ya adulto. Similar a lo que pasa en la actualidad: la criatura no sabe que el mundo es peligroso.
FÉLIX. Sí, que a su paso encontrará muerte, drogadicción, ladronismo, enfermedades incurables,...
Los interrumpe don Damián, el mesero, que en ese momento trae un bolígrafo y una libreta en que anotará la orden.
DON DAMIÁN. ¿Qué van a cenar los caballeros?
FERNANDO. ¿Cuál es la especialidad de la casa?
DON DAMIÁN. Pues la especialdad de la casa es carne a la parrilla, casamiento, chimol, chorizo y dos tortillas bien tostaditas en las vivas brasas, como en el Infierno.
FÉLIX. Tiene mucha razón, este calor es insoportable. No tendrá aunque sea un ventilador para contrarrestar este frío inclemente. (Lo dice con sorna)
DON DAMIÁN. Sí, ya les traigo un ventilador, que fue propiedad de mi tatarabuelo Bel. (Ya se ha marchado para traer la orden, pero se vuelve hacia los comensales, como dándose cuenta del error.) Corrección: Abel.
Se va, pero la voz de Félix lo detiene.
FÉLIX. Antes de que se marche. ¿Cuál es el sabor de bebidas que tiene?
DON DAMIAN. Tengo refrescos de tamarindo, de horchata, de cebada, y para levantar el espíritu, nada menos que el coche-bomba, mezcla de alcohol 90, vino tinto, whisky, pasas y unas rajitas de canela. Es la receta que me legó mi tatarabuelo.
FÉLIX. Me quedo con la horchata.
FERNANDO. Yo con el tamarindo.
DON DAMIÁN. ¿Con piquete o sin piquete?
FERNANDO. ¿Qué extrañas mezclas hace usted, don Damián? Sin piquete.
DON DAMIÁN. De acuerdo.
Don Damián se marcha a preparar la orden.
FÉLIX. ¡Qué señor más extraño!
FERNANDO. Sí. Volviendo al tema: pobre Jesús.
FÉLIX. Y María, también
FERNANDO. Al igual que José.