miércoles, 16 de septiembre de 2015

Amor en tres actos




I

Los novios

Cupido omnipresente
donde quieras estás.
En mar, tierra y aire
te cuelas sin que te llamen;
acudes a las citas como bragas
y te metes en la conversación.
Una mirada aquí,
una mirada allá;
un flechazo aquí,
un flechazo allá
y el amor busca estación
dónde quedarse.

Así pasó contigo.
Sin que te dieras cuenta, dijiste: “Sí”.
…Y tu corazón se inflamó de amor,
de alborozo, de cánticos sagrados
en tus caracoles auditivos.

Sentiste tus pies caminar en el aire
cuando el primer beso tocó tus labios.
Un sofoco en el pecho:
te quedabas sin aire,
pero con el próximo beso
volviste a la vida.

Era como un sueño
del cual no querías despertar;
mas regresaste a la realidad
al escuchar la pregunta:
“¿Quieres casarte conmigo?”

Eso fue el acabose,
porque no esperabas
una pregunta-propuesta así.
Y eso fue para ti como decir:
“Te pasaste, José María, te pasaste”.
Claro que no ibas a decir que no.
Era, como siempre,
tu cuento de hadas y princesas
que se haría realidad.

En una esquina de la avenida,
frente al parque,
el niño en porretas,
desde un árbol,
había descendido al andén
y sonreía malvadamente
y reía como en una película de cine mudo
(porque nadie lo oía)
y de soslayo, miraba a la pareja
que con sus flechas
atravesó los corazones:
Hecha su fechoría, terminaba su misión.


II

La espera

Triste soledad la del mar.
No sobrevolaban aves marinas
ni una embarcación a la vista.
Estaba el mar como anclado a algo;
o peor aún, a la deriva,
ahogándose en su propia agua salada.
Si la melancolía no cabía
en gigantesca soledad,
juro que no sabría decírtelo.
(¿Te Imaginas a un mar
que se ahoga en su mar?
Tu presencia era lo único que importaba.

La playa era un desconcierto de voces inaudito,
pero tú estabas con tus ansias, sola.
El mar, en lontananza,
brillaba como un espejo de joven
que espera, desesperada, a su amado.

Visera era tu mano,
queriendo divisar el buque
que traería a tu prometido.
Viste ondear bandera australiana,
pero la espera fue en vano
(el ruido ensordecedor
de un avión que navegó el mar sideral
enmudeció a los congregados):
el  novio venía por los aires
cual jinete montado en Pegaso



III

Los esponsales

Hay una fiesta en tus ojos:
grande,
de la estatura de tu amor.
Ese amor ya no cabe en tu pecho
y lo repartes
y compartes con todo el mundo,
no importando si es sobrino,
tío, hermano o amigo.

La felicidad te abraza.
El Sol te abrasa.
El amor te envuelve.

Cupido te flechó
y de pronto,
tu cuerpo se volvió un mariposario.
El amor te tiene loca, loquita,
que vagas entre nubes
desgarradas por el viento.

Eres feliz.
¿Quién lo puede negar?
Sólo un ciego de entendimiento
opinaría lo contrario.

¿Cómo puede haber gente
tan ciega que no ve
el milagro del amor?
Por amor, Lazarus,
abandonó el sepulcro
y los vendajes.
Traspasó el umbral
y un violento rayo de sol
hirió sus pupilas:
el Maestro lo miraba fijamente
y el Sol, para Lazarus,
fue sumamente mayor
del que había visto antes.
Lazarus ya no fue el mismo.
Tú, después de la boda,
ya no eres la misma.

El matrimonio
llenó de pajaritos tu corazón.
Sientes una alegría inexplicable,
explicable sólo para Dios.
…Y a ti  te basta
la felicidad que palpita en tu ser.

El amor ha colmado sus mieles.
El vino ha escanciado sus copas.
El trigo ha madurado sus espigas.
Recoge sus mieles,
la sangre de los viñedos,
el trigo maduro
y guárdalos
para cuando el fruto vista de oro.



Para Maribel Angélica Soto Gálvez


Domingo 02/08/2015, 8: 50 p. m.

Julio César Orellana Rivera



jueves, 10 de septiembre de 2015

La salud de los muertos




La salud de los muertos
cada vez está peor.

Se sientan en la plaza,
fuman un cigarrillo,
hablan de sus dolencias.
Se quejan de reumatís
y de dolor de muelas.

El cáncer de próstata
me afecta todavía,
y a mis años no sé
si aguantaré el calvario
por más tiempo. Son ciento
treinta y cinco años ya
de soportar mi dolor.

El tiempo es implacable
y no perdona sea
quién sea. La religión
que profese no importa
ni su raza tampoco.

En la cabeza siento
un punzón que me mata
y el analgésico
ya no domina el dolor,
pero a veces me olvido
de él no recordándolo.

Mira: La gente pasa
y no nos ve ni siente
nada por estos fieles
difuntos, que su vida
dieron muriéndose.

Sí. ¿Será que nos vamos?
La noche se avecina.
Un resfriado podemos
pescar. Luego, recuerda,
que ni las medicinas
se encuentran pagando
en la red del gobierno.

Tienes razón. Vámonos.
Maravilloso hubiera
sido que así de golpe
crearan la pastilla
contra la imbécil Muerte.

¡Cierto! Pero vámonos
a dormir, que la fosa
añora nuestros cuerpos.

Por el sendero
de polvo, dos fantasmas
invisibles al ojo
humano, como cada
noche, van camino
al destino que a todos,
sin prisa, nos espera.



03/04/2015, 12: 05 a. m. (Viernes Santo)


martes, 8 de septiembre de 2015

Un poema


Me estalla el verso en la sangre.
No sé de dónde vino,
porque la senda
fue cubierta de pobreza,
maleza, incuria y olvido.
No hubo sepia
ni blanco y negro,
que evidenciaria mi linaje.

No sé de dónde vino
ni quien me la heredó.
El verso me estalla en la sangre.



Sábado 15/08/2015, 9: 14 p. m.


martes, 17 de marzo de 2015

Jueves 13 de marzo


Hoy mi día comenzó mal. Como monje de convento, a las cuatro y cuarenta y cinco de la mañana la sala se vuelve un lugar sagrado. Estaba entre Laudes y la hora Prima, leyendo El evangelio según Jesucristo, de José Saramago. Un día antes una infante había hecho de las suyas manchando con plumón los sofás, moviendo todo en un lugar distinto de dónde estaban. A la Virgen de Fátima en su cesto la dejó inclinada semejante a la Torre de Pisa,... El día había sido para ella una ocasión para trastocar el orden de las cosas.
Bueno, resulta que en mi lectura levanté un poco la vista a través del cristal de los anteojos y percibí la mirada de la Virgen caía en mis ojos. Misteriosamente vi cómo la Virgen movía su rígido cuerpo  hacia atrás, yendo y colándose por un hueco entre la esquinera y las paredes que trazaban un ángulo de noventa grados. Cayó al piso, rompiéndose en mil pedazos. Yo siempre (bueno no siempre, aclaro) he tenido esa valentía de querer enfrentar  a un fantasma  y quedarme para ver qué pasa. Así fue, me quedé sentado en el sofá esperando a que algo pasara, no sin antes sentir que mis brazos se enfundaban en la piel de una gallina; pero me quedé esperando, y nada. Me fui para la cocina, y la luz del foco comenzó, literalmente,  a pestañear como cuando uno tiene sueño y se le va la luz de los ojos.
Bueno, me dije: "He amanecido con el diablo adentro". 
Para mí el jueves fue trece (voy adelantado en el calendario) y no el viernes trece de marzo, como era en verdad.
(...Así entre nos, ya tengo material para un cuento)

jueves, 21 de agosto de 2014

El grito (histérico)


El día (o el mundo) parece estacionado en un grito histérico, mientras los coches se deslizan en la serpiente de asfalto y en  el colectivo viajan los “turistas” del malvivir, que nadie queda indemne de sus desmanes. El infierno estaría bien para ellos. No me corresponde a mí ser su juez, para CONDENARLOS O ABSOLVERLOS; pero si en mis manos estuviera, yo  condenaría a estos “turistas” a pasar unas vacaciones de mil años en el Averno; luego, al cumplir su condena, les aplicaría otro milenio convertidos en piedra, y los próximos mil años siguientes, que nacieran  en el reino vegetal.

*     *     *
Apenas ayer por la mañana, mientras esperábamos el microbús que lleva a Andrea María al colegio, intercambiamos saludos con la niña Angelita. Siempre pasaba puntual, a las cinco horas con cuarenta y cinco minutos de la mañana, con su pulcro uniforme de trabajo y un suéter color ocre anudado al cuello y la parte delantera del mismo cayéndole sobre el brazo izquierdo. No pensé que ese fuera su último saludo con nosotros… Y la noticia llegó de sopetón, después de la salida del trabajo, con sus variopintas versiones: Que le habían dado un puyón; que vio un herido y  le dio miedo la sangre; que estaba en la siguiente parada de buses después del incidente en el colectivo anterior, cuando le falló el corazón; que alguien vio al autobús doblar a la izquierda y conducirse al hospital San Rafael, porque era urgente la intervención de un galeno; que la habían balaceado;…
La niña Ángela era servicial, amable y respetuosa con sus semejantes. Y  no lo digo porque ya no está con nosotros o por puro decir, sino porque se le sentía esa aura de servicio hacia los demás. Se dirá que estas palabras se le hubiesen dicho en vida y que los elogios póstumos siempre abundan cuando la ausencia física de esta persona es evidente y ya no puede escucharnos; pero es que a veces somos tan insensibles, orgullosos y egoístas que se nos olvida sentir.
La endiablada rutina diaria nos absorbe el alma y hasta el  seso, que olvidamos vivir y recordar el mandato del Hombre que en  la cruz dejó su vida y fue ésta motivo de su Resurrección: Ama a tu prójimo como a ti mismo.
Tal o cual persona era así o era asá dirán muchos cuando alguien ya no existe. Dirán cosas bonitas sólo por congraciarse con alguien que la apreciaba y no dar una imagen de persona chocante ante los demás; pero muy, muy en el fondo son almas exánimes que nada sienten y toman como norma de conducta lo superficial, la vida light.
*     *    *
El bus va atestado de personas que se comen el pan con el sudor de su frente y de quimeras malvivientes que ralean al que se les pone enfrente. Son seres execrables que no perdonan, y su único código es el de despojar de los pocos bienes a los que nada tienen. Son unos malvados, gandules, mangantes,… Pero es que se colma el vaso y dan ganas de robarles el aliento.
Ora pro nobis, Angelita, mientras aún nos hospedamos en este hotel cinco estrellas y el coyote asecha. Ya llegará  nuestro turno y nos darán visa con carta de ciudadanía de un Reino que no es de este mundo (entiéndase como el lugar que ocuparemos en el otro orbe, luego de que  el Juez nos haya sacado tarjeta roja y nos convoque a la selección de los calvos). Pero mientras tanto: Requiescat in pace, doña Ángela.

(Antiguo Cuzcatlán,  entre el  27/08  y el  24/09, ambas fechas de 2012)


viernes, 1 de agosto de 2014

Citando a Gabriel Miró

Quiso el Señor que fuesen las criaturas a su imagen y semejanza, y no fueron. El Señor lo consintió; y las criaturas se revuelven porque el Señor  no es su semejante, no imaginándolo siquiera con la humánica exaltación y belleza que imprimían los pueblos antiguos en sus divinidades. Se quiere al Señor semejante y a los hombres también; una semejanza sumisa, hospitalaria, una semejanza hembra para la ensambladura de nuestra voluntad.


Gabriel Miró, p. 65, El humo dormido, Ediciones Cátedra, sexta edición, 1987, Madrid,  España

viernes, 23 de mayo de 2014

El Doctor en la Convención


El licenciado Edwin Orellana o el "Doctor" (como le dice a todo el mundo y como le decimos a él), en su alocución pronunciada en un hotel capitalino con motivo la septuagésima tercera convención del Club de Leones de Antiguo Cuscatlán. 
Fue un discurso lleno de mensajes que tienen qué ver con el prójimo y de ayuda al planeta. Vale la pena leerlo, para saber cuáles son los objetivos que persigue el Club de Leones; por eso, aquí les dejo el discurso completo.

Hermanos Leones:
La Septuagésima tercera Convención DMD Istmania denominada licenciada Zoila Milagro Navas, da pie para hacer referencia a una persona, ícono del escrutinio político; de un ser humano que ha hecho de la política una herramienta  que traduce su gestión en bienestar para el municipio. Persona, además que, durante tres años consecutivos lleva la vicepresidencia del Club de Leones de Antiguo Cuscatlán. Desde 2011, siempre ha sido el punto de apoyo, el pilar, la base en que descansa nuestro Club.
La unión, la fuerza y la buena voluntad son sinónimos de cordialidad y  esperanza para nuestro prójimo en momentos de desventura. Los Hermanos Leones nos caracterizamos por ser personas llenas de locuras por servir.
Nuestra filosofía de trabajo tiene su fundamento en tres principios evangélicos y uno de concientización al cuido del planeta. Estos pilares son los que sostienen nuestra razón de ser y la enumeración que haré de principio a fin, no significa que el primero sea más importante que los otros tres.
Uno de ellos es el que se refiere al medio ambiente. Con las campañas de reforestación pretendemos  tener un planeta libre de contaminación, inyectándole a nuestro planeta un poco de aire limpio para una mejor calidad de vida nuestra, para intentar sanar del asma que aqueja al planeta.
El siguiente se basa en aquél pasaje bíblico  en el que Jesús, estando en Jerusalén  vecino de la alberca llamada en hebreo Betesda y a la cual todo el mundo judío acudía porque un ángel del Señor bajaba de vez en cuando y removía el agua; y el primero que se metía después de agitarse el agua quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. Pues resulta que allí  un hombre que contaba en su espalda con treinta y ocho años de enfermedad y que como un demonio dentro de su cuerpo no lograba liberarse de ella. Jesús le preguntó: ¿Quieres curarte? Pero el paralítico sabía que eso  era imposible, ya que cuándo él intentaba sumergirse en las aguas curativas, otro se le había adelantado.
El Maestro, como siempre, no pide, ordena: Levántate, toma tu camilla y anda. Y el que quizás, toda su vida había no había sido dueño de un andar, andó como si todo hubiese sido un mal sueño.
Así, el Club de Leones, no cura, pero facilita su locomoción donando sillas de rueda a los necesitados. No les devuelve el andar a los que la enfermedad ha postrado en su lecho, porque no somos dioses para  hacer milagros; pero en cambio, damos un par de ruedas, que ayuden en gran medida a paliar el sufrimiento de nuestros hermanos.
El otro principio al que nos debemos como Club de Leones, es aquél en que la palabra de Dios habla a través de San Marcos y nos cuenta que llegando Jesús a Betsaida devolvió la vista a un ciego,  imponiéndole las manos y aplicándole un poco de saliva en los ojos. El ciego ya podía ver la luz que tanto tiempo la vida le había negado.
Nosotros no devolvemos la vista a las personas, pero les proporcionamos  anteojos que le ayude a superar su falta de visión.
El último pilar básico de nuestro quehacer filosófico se basa en el milagro  que Jesús hiciera  al tener que alimentar a unas cinco mil personas sólo con un haber de cinco panes y dos peces, que a fuerza de ser sincero, era una miseria con la que contaba en ese momento; pero el Maestro, con su gran misericordia no podía (ni debía) enviar a sus aposentos sin  comer a tanta gente e hizo el milagro que nadie esperaba: la multiplicación de los panes y los peces.
Siguiendo los pasos del Divino Maestro, nosotros como Leones satisfacemos la necesidad de los que no tienen el alimento material. No sé cómo le hacemos, pero multiplicamos los alimentos que necesita el pobre, el desvalido, el que nada tiene en este mundo.
Por eso, nuestro deber es seguir unidos como una familia, como hermanos,  bien unidos en la prosperidad y en la adversidad. Nada debe detenernos en la sagrada misión de servir a nuestros semejantes. Debemos estar siempre atentos a las necesidades más básicas de quién requiere nuestra ayuda y tenderle la mano sin interés alguno. ¡Muchas gracias!