miércoles, 13 de junio de 2012

Citando a Franz Taut



Estudiaba música en la capital; ahora su música esan los estampidos de los disparos y el tableteo de las ametralladoras cuando los pequeños grupos dispersos de la Armia Krajowa, el ejército nacional, atacaban al enemigo en emboscadas, al modo de los partisanos. pp. 5 - 6 

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El huesudo rostro de la mujer alta se deforma en una risa desencajada. p. 20

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El día es diáfano y soledado. Se inicia la primavera, pero en el laberinto de los corresdores subterráneos reinan la oscuridad y el frío. p. 21

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Los consumidos y humillados prisioneros llevaban trajes rayados y la estella de David amarilla. p. 32

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No es sólo la comida deficiente lo que consume al hombre; también la falta de libertad, el hecho de estar aislado y expulsado de la sociedad... p. 38 

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Ustedes conocen mi principio fundamental: el mejor polaco es el polaco muerto. p. 46

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En el pueblo queda sólo un retén, y el comandante con su Estado Mayor. Dirlewanger prefiere quedarse en segundo plano. Si se producen violencias y los llamados  actos de crueldad, él tiene la excusa, empleada ya varias veces con éxito, de que no estaba presente. p. 47

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En el horizonte, por el Este, una pálida banda de luz anuncia el amanecer del nuevo día. p. 48


La brigada de los malditos, primera edición: enero 1964, Barcelona, España.

jueves, 31 de mayo de 2012

La creación de Cataño*

El Cristo del madero suspendido
-- color ébano -- su agonía llora
con resignación, y en pleno olvido,
siente que su cuerpo en morir demora.

Lo han tratado como a un bandido:
befa. El nuevo Calvario que otrora
surgió, no queda desapercibido:
Quirio esculpió al Cristo Negro de ahora.

Lloró. Le sobrecogió aquel cuadro
de ignominia para San Uraco:
era un espectáculo macabro.

Su corazón opreso ante aquel cuadro,
dibujó en el lienzo a San Uraco:
era un espectáculo macabro.


Publicado en Filosofía, Arte y Letras, de El Diario de Hoy, el sábado 13 de marzo de 1993, p. 8
Fotografía: Luis Chavarría
Título: El Cristo Negro de Esquipulas.

miércoles, 16 de mayo de 2012

La muerte de Carlos Fuentes

Ayer (martes 15 de mayo de 2012) falleció otro de los grandes (monstruos) del Boom: Carlos Fuentes, autor de novelas como La muerte de Artemio Cruz, La región más transparente, Instinto de Inez, La silla del águila, Cambio de piel,...
En la literatura deja un vacío inmenso y en los lectores, un hondo dolor.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Descansa en paz, Héctor Silva

Héctor Silva, quien fuera alcalde de la ciudad de San Salvador por dos períodos consecutivos (1997 - 2000 y 2000 - 2003), ha muerto este día*. Así lo han dicho los noticieros del mediodía. Es tan escueta la noticia, que tan sólo mencionan el hecho de que estaba presente en un acto y sufrió un desmayo. De inmediato fue llevado a un centro hospitalario, y no se sabe (porque no lo dicen) si murió camino al hospital o el nosocomio mismo.




* Día de la Inmaculada Concepción

lunes, 21 de noviembre de 2011

Triunfo académico de Andrea María

Sábado 19 de noviembre de 2011, víspera de la celebración de Cristo Rey. El Colegio Belén, con anticipación convocó a padres o madres de familia a la clausura del año escolar. Antes de esta fecha, el martes quince del mismo mes, fue el turno de reunión para los que en esa casa de estudios se forman. Andrea llegó temprano, aproximadamente a las siete y cuarenta y cinco de la mañana. Todavía la seño Albi, su orientadora de grado, le gastó una broma al verla llegar: ¿Y usted viene a ver si ha pasado de grado? Yo me la imagino, parada frente a su escritorio y luego darse vuelta al ver llegar a Andrea y en seguida, ponerse las manos a manera de asas de un cántaro para luego soltarle tremendo gracejo, como quién dice: Si usted sabe muy bien que ha pasado de grado, ¿por qué viene?

Pues bien, al bajar de su salón Andrea me comenta que sólo un ocho tiene en su promedio general y yo la felicito.

El meolllo del asunto, es que en la primera fecha que arriba anoté, la seño Albi me entregó las calificaciones, como resultado de un esfuerzo constante que Andrea María hiciera durante todo el año. Y el resultado final fue de 2 ochos, 5 nueves y 5 dieces, razón por la cual, como padre, es suficiente razón para sentirme orgulloso.

Y algo más, para orgullo de Andrea, María Teresa (la madre) y yo: obtuvo el tercer lugar.





viernes, 28 de octubre de 2011

Doscientos años han pasado

Los hechos (sumariamente)

1810. Los principales criollos de San Salvador ya resentían las políticas económicas que, desde España eran aplicadas a las colonias americanas: incremento en los impuestos de alcabala, al aguardiente y al tabaco. Era lógico pensar y de justicia alentar "las discordias entre peninsulares y americanos".1

Es a finales de octubre de 1811 que llega a San Salvador la noticia de que el presbítero Manuel Aguilar ha sido arrestado en Guatemala, cuyas causas de detención se debía a sus ideas sediciosas y el contacto que tenía con cabecillas del Reino.

Es un ambiente de tensión y de malestar general que circula en San Salvador. Como llama que devora el pasto corrió el rumor de que el vicario de San Salvador, presbítero José Matías Delgado, sería asesinado. Por tanto, el pueblo se reunió donde el padre Delgado para turnarse en grupos y así asegurar su protección.

Tal parece que este fue un invento de los criollos para soliviantar a las clases inferiores y crear una verdadera animadversión contra los peninsulares, porque el religioso falleció el 12 de noviembre de 1832.

Luego el pueblo, junto con Bernardo Arce, padre de Manuel José Arce (el primero, alcalde y el segundo, diputado), la noche de lunes 4 de noviembre se dirigen a la intendencia para solicitar la liberación del presbítero Manuel Aguilar y también con la intención de anular la solicitud que desde Guatemala se le ha girado al padre Nicolás Aguilar para que comparezca con las autoridades eclesiásticas correspondientes de ese país. El intendente, Antonio Gutiérrez y Ulloa, después de tanto discutir con Manuel José Arce sobre el asunto en cuestión, manifiesta: "...que nada podía hacer porque el asunto no era de su incumbencia, sino que lo era del propio Arzobispo de Guatemala".2

Los Arce y el pueblo ante tal respuesta, indignados y haciendo rabietas, se retiraron de allí.

"Era el martes el día de reunión del Cabildo. Creyendo que allí se podría solucionar el motín, el Intendente ordenó mandar tocar las campana del cabildo".3 Cometía el intendente un grave error, pues al tener a toda esa gente ahí reunida quedaría sometido a la presión y a la voluntad del pueblo. El intendente, las autoridades y peninsulares no tuvieron más opción que aceptar las demandas del pueblo y la exigencia de que no se les quitara la vida y conservar la posesión de sus haciendas.

En seguida se ofició un tedeum en la iglesia parroquial porque no hubo derramamiento de sangre y a la vez, pidieron a Dios que iluminara a todos.


El yerro (es necesario aclararlo)

Lo que se le ha dado por llamar el Primer Grito de Independencia por los hechos ocurridos el 5 de noviembre de 1811 y que se dice o mantiene en su acervo la población, que fue el padre José Matías Delgado el que tocó a rebato las campanas de la iglesia La Merced, no fue tal como lo conserva nuestro magín y todo se debe a que, en la celebración del primer centenario, el doctor Víctor Jerez, en su discurso, muy animado, manifiesta: "Toma en dirección al oriente, cruza al sur y llega al atrio de la iglesia de La Merced; asciende nerviosamente al campanario y llega al rellano, ase las cuerdas de las campanas, las agita con energía y sus alegres sones se difunden en el espacio".4

Pero antes, el doctor Víctor Jerez, concienzudamente, aclara: "El criterio histórico señala al doctor Delgado como el promotor de esa magna transformación social: y ya que nuestros archivos aún no se han registrado del todo, para estudiar tan notables sucesos, hemos de recurrir a varios datos que conserva la tradición".5


Conclusión.

El Primer Grito de Independencia es una metáfora de la insurrección que culmina con la independencia el 15 de septiembre de 1821, porque quizá, por primera vez, el pueblo manifiesta su inconformidad con la monarquía española y demanda que las injusticias sean anuladas, consiguiendo tal pronunciamiento. Además, el tal grito de independencia no se da ni el toque de las campanas por mano del padre Delgado, sino más bien es una reunión de cabildo a la que convoca el intendente Antonio Gutiérrez y Ulloa.



1. Carlos Meléndez Chaverri, José Matías Delgado, prócer centroamericano, p. 121, segunda edición, Dirección de Publicaciones e Impresos, San salvador, 2000.

2. Op. cit., p. 137

3. Op. cit., p. 140

4. Op. cit., p. 146

5. Op. cit., p. 145








martes, 6 de septiembre de 2011

Acertijo

El acertijo.


Fotografía: Alicia Ruiz.



I

Encendió las luces para corroborar si el murciélago ya se había marchado. Respiró hondo y pausado, llenando de aire los sacos pulmonares.; luego, exhaló en señal de alivio, concluyendo: ¡Qué animal más molesto! Gracias al Señor que ya se marchó.

Disponía a marcharse, cuando su mirada cayó en el piso (frente al altar mayor) y vio una letra "O" un poco imprecisa, dibujada con semillas de capulín. Las semillas eran la evidencia de que el mamífero alado sobrevoló los espacios sagrados. Más a la derecha, observó que el jarrón contenía una rosa blanca marchita, cuya mustiez era notoria entre las otras, abiertas y fragantes.
Se quedó pensativo tratando de adivinar el significado de la letra O y de la rosa mustia. Enseguida soliloquió: "¿Qué misterio encierra el grafema y la reina de las flores esta noche? ¿Qué me querrá decir Dios con este lenguaje mudo? ¿Qué quiere de mí nuestro Señor Jesucristo? No lo sé, no lo sé dijo, rindiéndose a sí mismo".


II

Pasó varios días queriendo descifrar la acepción que para él era una revelación críptica. Con tal preocupación, los días alcanzaban a la noche y la noche al día, hasta que en su mente encontró la significancia siguiente:

O + rosa mustia
Orden + rosa blanca mustia = La Orden necesita rosas para un evento especial.

Oración + rosa blanca mustia = En la oración siempre están presentes las rosas.


Los significados anteriores no estuvieron a la altura de su satisfacción personal y siempre con preocupación se impuso como meta, encontrar una acepción razonable de lo que él consideró un enigma singular.



III

La luna, hermosamente pálida iluminaba "El Noviciado"*, donde la lectura, la oración y la meditación eran el pan de cada día. Afuera, la ceiba y la blanca edificación eran fantasmas que traspasaron el umbral de la noche antes de la hora indicada. En el interior del edificio, la mesa del refectorio estaba dispuesta para la cena. Fueron llegando uno a uno: el abad Martinozzi, el abad Federico (de otra abadía, pero de la misma Orden), los demás hermanos y novicios.

El arroz frito permanecía impasible ante las estocadas que el tenedor arremetía minutos después. La lechuga, simulaba un náufrago bajel en plano mar gramíneo. Las rodajas de pepino (perforadas por el centro) parecían salvavidas arrojadas a la mar, y las ruedas de tomate, era el único color salvable de aquel naufragio. En el centro de la mesa, dos pavos en sendos azafates de plata, cuyas piernas en posición de la horaria marcando las diez, apuntaban hacia un cuadro de La última cena. La robusta caja toráxica de los gallináceos indicaba que la cena sería satisfactoria. El abad tomó el cuchillo y comenzó a desmembrarlos y a repartirlos en buenas piezas. No era época de Navidad, pero por costumbre de la Orden, un día de cada mes se comía pavo para la cena.

Gozando de la buena mesa, hacían referencia a las faenas del día.

Por un momento, el abad, sin darse cuenta, se quedó con la vista fija en la techumbre, como buscando una respuesta a su obsesiva inquietud. Con la mirada parecía que traspasaba el techo, porque los ojos estaban llenos de luz como expuestos al fulgor de las estrellas. Su mente contenía un vacío profundo y acogedor para la cavilación: "Esa rosa, esa rosa mustia y el grafema que mi espíritu perturban, ¿qué significado ocultan?"

-- Abad, abad -- dijo un hermano que a su lado estaba --: ¿sucede algo malo?

El abad lo miró deferentemente, negando con un movimiento de cabeza.

Asociando las dos posibles soluciones anteriores y desprendiendo de su bolsa el Parker que nunca abandonaba, escribió (con una caligrafía que parecía el garabato de un galeno) en un papel que sacó de la cartera y que era éste el testigo de la explicación del enigma: "La Orden necesita rosas, porque para el evento y la oración son indispensables".

Después de escribir la otra solución tranquilizóse un poco. Luego, mentalmente se dijo a sí mismo que las palabras Orden y oración no le causaban ningún problema; pero sí el vocablo evento. Caviló: "¿Qué significado tendrá el último término y qué papel jugará en esta revelación críptica".

El abad se levantó, excusándose que tenía un asunto importante que atender. "El pavo estuvo deliciosísimo", dijo a sus hermanos. Se marchó.

Quedáronse boquiabiertos, porque el abad jamás se levantaba sin esperar a que todos terminaran.



IV

Llegó a su habitación. Era un cuarto blanco-hueso, con una cama bastante cómoda para descansar el cuerpo fatigado; un Cristo Yacente a la derecha de la cama y una mesita (con naveta) con silla a la izquierda.

Prostenóse frente al Cristo Yacente, apoyando sus codos en la cama y haciendo con las manos el bendito, penetró en profunda oración llegando al deliquio. Hundido en sus plegarias le pedía al Creador un poquito de sabiduría para poder descifrar el misterio: "Señor: aquí estoy frente a Ti, suplicando que me ilumines el pensamiento para que pueda comprender lo desconocido del mensaje. Necesito un punto de apoyo lumínico que me ayude a descifrar... (tosió) lo incomprensible".

La tan ansiada luz le vino de golpe al cerebro. Le pareció una respuesta demasiado aciaga, cuyo contenido era sencillamente una premonición.

Sólo alcanzó a decir: "Gracias, Señor". Tomó el mismo papel en el que escribió antes y con los mismos rasgos decidióse a copiar de su cerebro, literalmente, el mensaje que durante el éxtasis recibió.




V

Viernes. Corría el día vigésimo quinto del tercer mes, de mil novecientos noventa y cuatro. Eran las nueve de la mañana. Un hermano de la Orden, con los nudillos de los dedos tocó la puerta para despertar al abad Martinozzi. Éste no contestó ni tampoco dio señales de querer levantarse. El hermano, al escuchar que quien le contestó fue el silencio, decidió llamar a otro hermano y juntos violentaron la puerta. Los goznes accedieron a la energía impetuosa de los hermanos, lanzando un chillido agudo, y abriendo la puerta de par en par se supo la verdad.

--¡Santo Dios! -- exclamaron.

El abad yacía en el piso, cerca de la mesita donde escribía. La gaveta estaba abierta, huérfana del crucifijo que el hermano guardaba y la silla, caída como si un ventarrón hubiese pasado de improviso. El abad, por su parte, tenía los ojos abiertos, las pupilas dilatadas y la mirada perdida. En su mano derecha, bien asido, sobre su pecho, reposaba el crucifijo traído desde Italia, su tierra natal y que guardaba como un tesoro. La pluma, rota, cerca del costado del abad, derramaba sangre azul.

Cerca de una pata de la cama, un papel que, sin duda era cómplice de la tragedia. Uno de los hermanos lo tomó y vio que éste tenía escrito lo siguiente:

O + rosa blanca mustia

Óbito + rosa blanca mustia = muerte.

Quedáronse inmóviles como rocas. Entonces, sacando fuerzas de su debilidad, uno de los hermanos prorrumpió: "Este era el asunto importante que debía atender la noche anterior el abad: el encuentro con la muerte".

Luego se corrió la voz: "¡El abad ha muerto!" Enseguida una batahola inundó a toda la abadía y sus contornos.


* Ubicado al sur de las instalaciones del Instituto "Hermanas Somascas".

Publicado en el Suplemento Cultural Astrolabio de Diario El Mundo, el sábado 27 de septiembre de 1997, p.18