jueves, 11 de febrero de 2010

Otro dibujo de Valencia Ruedas


Este es otro dibujo del arquitecto Héctor Valencia Ruedas. Admiro la capacidad que tiene para elaborar dibujos. No necesita tener a un o a una modelo enfrente para que, a punta de grafito dibujar con rapidez, lo que a él se le antoja: mujeres desnudas, rostros, vasijas, etc.
Esta es una figura humana en movimiento, que se desplaza hacia atrás. Realmente tiene un dominio del lápiz a la perfección, que (aquí entre nos, yo envidio) a mí se me antojaría tenerlo y explotarlo.

jueves, 4 de febrero de 2010

Dos años que dejaron de correr

Flores para Raquel.
Fotografía: Alí Glez

Para Elisa Huezo Paredes, in memoriam
(Santa Tecla 1913 - San Salvador 1995)

Y quién pudiera creerlo, Elisa,
esta noche, sin prisa, ha partido.
Se nos fue a un mundo desconocido,
donde algún día llegaremos con prisa.

Y en cuerpo presente, una misa
nos oficien. ¿Es y fue mi descuido
el veneno que me ha remordido?
Sí, porque no fui al funeral de Elisa.

Ahora goza de la paz del Señor
y nada ni nadie la hará volver.
Sólo me dejó sembrado su amor,

su cariño y su amistad en mi ser
baladí. Su mano con un gran calor
me dio en dos años que dejaron de correr.


Antiguo Cuzcatlán, diciembre 31 de 1995, 11:30 p.m.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Itinerario matutino

Al volante.
Fotografía: José Zapata

5:30 a.m.
Hora de mandar, con una patada en el trasero y directo al Infierno, al bendito y querido Morfeo. Me levanto, y sin pensarlo, voy camino a la ducha. De una sola vez, el regaderazo de rigor para espantar a duendes que todavía tengo en la cabeza y en los ojos.
5:45 a.m. Termino en cuestión de diez o quince minutos, porque enseguida, es el turno de Andrea María. Estando en la alcoba, procedo a arreglar almohadas, a doblar sábanas y a dejar el cubrecamas como si de planchar se tratara. Me visto, salgo a la calle a comprar el periódico y regreso al hogar.
6:00 a.m. Desayuno. Andrea María se toma una chocolatina (mezcla de leche con chocolate procesados) marca Salud. Esto lo hace aún en ropas menores y con un poncho que cubre su espigado cuerpo.
6:15 a.m. María Teresa acicala a Andrea María.
6:35 a.m. Nos disponemos a cruzar la Calle Cuzcatlán Poniente con tal de llegar al parque (antes llamado Plaza de Las Ciencias*, porque estaban los bustos de Albert Einstein, Nicolás Copérnico, Giordano Bruno, etc.) que se sitúa en el centro de la ciudad... Sobre el andén del parque nos incorporamos a la 3° Avenida Sur hasta llegar a la 3° Avenida Norte "Cesarita Esparza", justo donde está el Colegio de igual patronímico.
6:40 a.m. Estamos María Teresa y yo, nuevamente en la esquina de parque donde hicimos el primer cruce, delante de la araucaria. Nos tomamos de la mano, dispuestos a cruzar la Calle Cuzcatlán Poniente. Doy el paso hacia adelante, porque observo que, de Poniente a Oriente un coche viene lo suficientemente lejos como para llegar a salvo al siguiente andén. María Teresa, de repente, me obliga a detenerme, porque el coche de una señora con una colegiala a bordo viene hacia nosotros a toda velocidad, quizá porque ya va a destiempo. Se detiene frente a nosotros y la adolescente se lleva una mano y agitándola en el flanco derecho de su cabeza, con su gesto y palabras no da a entender que somos unos estúpidos. Y yo, con toda la cólera que me sale del cuerpo me llevo ambas manos hacia ambos flancos, repitiendo el gesto que la joven hiciera y le digo: "¡Pasmada!", porque es lo que se merece (o merecen) por insultarnos sin tener la razón ni la ley (conducen en contrasentido) de su parte.

martes, 2 de febrero de 2010

Un dibujo de Héctor Valencia

Este soy yo. Es un dibujo con la técnica de lápiz de color, que el arquitecto Héctor Valencia Ruedas elaboró de mí en una clase de Historia de la Cultura y el Arte.
Yo le dije: "Dibújame, pues, Héctor". Tomó el lápiz, una hoja de papel y comenzó su obra. Todo aquél que me conoce tendrá la palabra en su boca para opinar si este dibujo tiene mucho de mí o yo tengo mucho de él.
Andrea María ha hecho una fiesta, riéndose de mí al ver este dibujo que, desde hace cinco años he conservado entre los folios que guardan un valor sentimental. Y la madre la ha secundado en su algarabía, diciéndome: "Viejo loco".

lunes, 1 de febrero de 2010

Amar y servir*

El callejón del amor, Morelia chula.
Fotografía: Rodrigo Gallegos

Amar es la vía directa de servir. Sirves a tu cónyuge porque le amas, de lo contrario no existiría amor. Amar sin servir y servir sin amar resultaría una tarea cansina, aburrida y rutinaria si no se coligan ambos elementos.
Sería insania si amaras sin pretender servir o servir sin tener la buena voluntad de amar, y justa razón tendría éste, ése o aquél individuo en llamarte miasmas del tenebroso abismo, si no cumplieras con estos mandatos.
¡Qué hermoso es amar! ¡Qué bello es servir!
¡Que el amor sea tu pedestal y el servir sea tu cruz! Con el pedestal en tu espíritu debes llevar la cruz a cuestas para tu propia crucifixión, sin importar que tus pies luzcan ensangrentados por los guijarros del sendero o a tu cabeza le puncen mil espinas venenosas o a tu corazón le hieran profundamente trece puñaladas homicidas. ¡Amar y servir es tu deber!

* Publicado en El Diario de Hoy, el lunes 22 de octubre de 1990

Este pequeño país*

Este pequeño país, de casitas amontonadas, de aleros ventilados, de posadas sencillas pero alegres, es el que yo quiero.
Este terruño bendito, de ríos serpenteando la campiña, de volcanes a flor de pecho, de lagos copiando retazos de cielo, es el que yo amo.
¡Qué más quiero si en ti se hincha la mazorca, gotea la miel el rojo oro, florece el bálsamo y se abre la flor de coyol!
En él nací: aquí quiero seguir viviendo y aquí quiero morir.

* Publicado en Filosofía, Arte y Letras,
de El Diario de Hoy, el sábado 5 de octubre de 1991

Regalo de la antevíspera de Navidad*

Después de la muerte.
Fotografía: Nicolás Garay.

En la antevíspera de Navidad una dolencia anónima atentó contra la salud de mi madre. La arrojó con gran ímpetu sobre su lecho de reposo, hasta extraerle la vitalidad necesaria del aparato locomotor.
Su deseo por visitar clínicas y hospitales había puesto cerrojos a una respuesta positiva, sin duda, porque la premonición más latente era que la Muerte sería su próxima vecina. Pero su negativa no encontró asidero en nosotros (mi tía, mi hermana y yo) que, deseábamos a toda costa, su salvación.
Gracias al buen samaritano (vecino de mi madre), el traslado hasta donde un doctor privado no nos costó ni un maravedí. Y gracias también, a la PNC (Policía Nacional Civil) de Santa Tecla, la locomoción hasta el Hospital Rosales fue gratuita.
Según algunas pruebas de laboratorio, el resultado era desalentador, y lo que más comentábamos mi tía (Antonia) y yo (aparte del larguísimo tiempo que nos costaría retirar el cuerpo, el lugar de la velación, dónde la sepultaríamos, etc.), era el ajuste de cuentas por parte del Creador.
Después de dos transfusiones sanguíneas de quinientos gramos cada una, el cuerpo de mi madre respondió de muy buena voluntad, recuperando poco a poco sus deseos de vivir.
El veintitrés de diciembre fue agónico para mi familia y yo; pero también fue de júbilo, porque en la antevíspera de Navidad, el Niño nonato nos regaló la continuidad vital de alguien que por poco nos abandona.

Antiguo Cuzcatlán, enero 05 de 2000, 8:55 p. m.

* Este artículo fue publicado en el Foro de Lectores de Prensa Gráfica, en una fecha que mi memoria perdió junto con la página de periódico.