sábado, 12 de abril de 2008

Tiovivo

Tiovivo en Burgos. Fotografía: David Goitia


El vaivén del carrusel parisino

me dejó vomitando sábila.



San Salvador, noviembre 10 de 1993

viernes, 11 de abril de 2008

Idéntico al monto no a la conversión

Árbol + banco + niebla. Fotografía: David Gorgojo


Es increíble como pasa el tiempo. Luego de haber concluido algunos asuntos personales que tenía pendientes, me sumerjo en el teclado y el monitor para escribir mi diario personal. Uno de los trámites que por abundancia (saturación, diría yo) de trabajo no hacía, era el cobro de mi devolución de renta en un banco local que reclama lo agropecuario. Esa devolución estaba en la institución financiera desde el miércoles de la semana de Pascua, pero mi escaso tiempo no había hecho posible que yo retirara ese dinero que era mío, y mientras tanto, el banco, estaba haciendo uso de mi dinero, por el cual no recibí ningún interés; pero si yo me atraso en la cuota de mi tarjeta de crédito me cargan mora, comisión e interés. ¡Qué injusticia bancaria!, ¿no creen?

Por eso digo que las instituciones financieras son cacos con liciencia, porque toda mora, interés, comisión, recargo o como le quieran llamar tiene un asidero legal que les permite actuar con libertad. Como vampiros succionan hasta el último centavo del bolsillo proletario. Birlan, y la gente lo ve con buenos ojos, justamente porque la sociedad capitalista ya dictó sus reglas y nos acostumbró a que eso es lo correcto.

Me alejé del punto. Lo que quería decir es que el total de mi devolución, es idéntico al primer sueldo que gané como auxiliar de albañil hace aproximadamente unos veintiocho años. Es idéntico al monto no a la conversión, aunque los colones de veintiocho años atrás quizá sea igual a la devolución en dólares que hoy recibí.

jueves, 10 de abril de 2008

Andrea va al colegio


Fue pasado el año dos mil que Andrea María inició su educación preescolar y fue también el año en que los terremotos demostraron que El Salvador es ciertamente, El Valle de las Hamacas. El primero, el sábado trece de enero y un mes después (exactamente el martes trece), el segundo. Para el trece de enero, Andrea, de tres años, había sido invitada a un cumpleaños, evento que fue suspendido por obvias razones.
Recuerdo que el primer día de colegio Andrea María iba con su falda pantalón azul-negro, su blusa blanca y una lonchera verde de Las Hormiguitas, que un niño travieso le cortó con tijeras. La profesora estaba en la entrada del salón recibiendo con alegría a todos sus alumnos y alumnas. Nunca me imaginé que una persona tan joven y sin experiencia alguna fuera a ser la maestra de todos esos infantes; pero esa joven docente demostró que su formación no había sido en vano, y con empuje hizo un buen partido del que ninguno de los padres quedó con cara de insatisfacción. Su nombre es Emiliana Henríquez, muy buena persona, por cierto.
Pues bien, Andrea se quedó, no de muy buena gana y con lloriqueos que atravesaban su garganta y a mí, el corazón. Acepto que no fui muy valiente, porque acompañaba a Andrea María hasta el portón del colegio. El resto del camino se lo dejaba a María Teresa, porque sabía que mi corazón se quebraría y mis ojos, posiblemente, abrirían sus válvulas para dar paso a un torrencial aguacero. No es nada fácil dejar a las criaturas, por primera vez, fuera de casa, pero por el bien, en este caso de ella, valió (y sigue valiendo) la pena.

miércoles, 9 de abril de 2008

El narrador


Escritor. Fotografía: Rosy Feros


El narrador escribe historias que la sociedad misma se encarga de proveerle. Inventa lugares y situaciones para ambientar el cuento que, definitivamente le darán mayor exquisitez; y el lector lo gozará de cabo a rabo, porque en más de alguno se identificó con el protagonista. Y creo, me atrevería a pensar que éste diría:

-- ¿Seré yo, Señor?

Venas comunicantes

Las venas de nuestra ciudad. Fotografía: Álex


La mentira es hija de la hipocresía y de la mediocridad. ¿Y la madrastra quién sería?

martes, 8 de abril de 2008

Pisa los talones la vocación

Profesando. Fotografía: Fede Salvo
Un día, en mi lejana adolescencia, pensé ser docente, inspirado en un profesor que tiene o tendría (porque no tengo ninguna pista de él y no sé si ya dejó de sufrir en este excecrable planeta) mi mismo nombre y de patronímico Hernández. Venía desde Quezaltepeque hasta uno de los más remotos cantones de El Salvador. Enseñaba la asignatura (creo que para la mayoría de personas) más difíciles del mundo: Matemática. Tambien impartía Estudios de la Naturaleza.
Pues bien, yo era uno de los alumnos más colaboradores del salón, y todo porque transmitía confianza, paciencia y serenidad. Yo quería ser como él, enseñar como él, ejercer el magisterio como él. En todo me hubiese gustado imitarlo; pero una vez sentí traicionada(cosas de adolescente) mi confianza, porque estando en pleno toda la clase, mencionó algo sobre una jovencita que yo pretendía, y entonces fue mi muerte y mandé al diablo la profesión de maestro y me olvidé de ella.

Una vez, en una excursión hacia el Occidente del país, pasamos frente a la Normal, y me dijo:

-- Ahí tendrías que venir a estudiar.

-- Sí -- respondí secamente.

Fue en 1980 que la Normal la tomó el ejército y fue ahí donde se fundó el Batallón Atlacatl. De nada tenía que preocuparme, pues de la docencia me había olvidado totalmente. Mi hermano estudiaba por esos días el bachillerato comercial, opción contador. Yo quería imitarlo y me metí de cocorota a un Instituto Nacional a estudiar esa sacrificada profesión. Luego en la universidad, seguí con la contaduría pública, cosa que reñía con mi vocación por mi olvidada. Pero uno puede olvidarse de la vocación, pero ella jamás se olvida de uno, y lo persigue a uno sin darle tregua.

Un círculo dejé trunco en mi lejana adolescencia. Era algo así, como una deuda impagable con mi destino. Un descuido a la vuelta de la esquina, y ya la tenía junto a mí. Hace cuatro años atrás me encontré estudiando el Curso de Formación Pedagógica, y ahí la vocación se impuso para cerrar el círculo que había dejado trunco.

Así que, por obra y gracia de mi vocación soy contador público y docente; pero primero docente que contador público.

lunes, 7 de abril de 2008

Ponzoña


Alacrán de Durango, México. Fotografía: Oliver Álex


Después de una extenuante jornada laboral, es gratificante hacer saltar del teclado las palabras precisas sobre el acontecer oficinesco. Los contribuyentes con más ponzoña que un alacrán punzan nuestra piel para amargarme la mañana. Creen que su prepotencia me hará tambalear y que les contestaré con igual pedrada; pero se equivocan, yo estaré sereno, aunque sintiendo el deseo inmenso de arrojarle en el rostro, tremendas guijas por su testarudez y prepotencia.