viernes, 21 de enero de 2011

María Michelle, el recuerdo


El primer día de clases, Andrea María regresó contentísima, porque en el Colegio Belén encontró a una compañera que estudio con ella el cuarto grado en el anterior colegio. Una más, en su sección, el séptimo "B", que habían hecho la preparatoria junto con ella; pero el primer grado lo fue a hacer al Colegio Cristóbal Colón, y ya no supimos más de ella. La primera, del séptimo "A", se llama Pati, y la otra, María Michelle.
Dice Andrea, que de María Michelle, no hubiera hecho memoria si no es que su propia excompañera (y ahora compañera, nuevamente) se lo recuerda. (De Pati si que se recordaba, porque era un recuerdo más fresco en el tiempo). María Michelle le recordó, que en la preparatoria, era la compañerita con la que más jugaba, y entonces, vino de golpe el recuerdo y la alegría recién inaugurada.

viernes, 14 de enero de 2011

Primer día de clases


Hoy es un día grande para Andrea María: es su primér día de clases en el nuevo colegio. Nos hemos levantado tempranísimo: María Teresa, a las cuatro y media de la madrugada; Andrea María, a las cinco de la mañana y yo, a las cinco y cuarto. Mientras la madre le prepara un delicioso hot cake, ella se viste con su nuevo uniforme. Yo ya he vuelto de la ducha y ella come con esmero.
Le pido que pose para el respectivo retrato (ella me lo ha pedido la noche anterior). Se ve feliz. Es una felicidad que irradia desde adentro y, ni la madre ni el padre se sienten más felices que ella.
Su nueva casa de estudios es el Colegio Belén, de la congregación de las Carmelitas de San José.

martes, 4 de enero de 2011

El otro Miguel

San Miguel Arcángel.
Fotografía: Sebastián Rodríguez F.


Tengo varios regalos en mi haber. A Andrea María, que es mi adoración. A María Teresa, que es la mujer a quien un sábado veintiséis de febrero de mil novecientos noventa y cuatro, le entregué mi vida en la salud y en la enfermedad. La vida misma, es un regalo de Dios.
El dos de enero, mi sobrina Paola Andrea me da un presente. Le arranco literalmente el envoltorio a petición suya, y descubro que es el libro Grandes maestros de la pintura: Miguel Ángel. Diego, mi otro sobrino, está cerca, y como ya sabe leer, dice: "¡Miguel Ángel, el que venció al demonio!". Hace esta deducción porque su padre pertenece a la Policía Nacional Civil (PNC), y San Miguel Arcángel es el patrono de la Corporación Policial. Pero yo le indico que este es otro Miguel, el pintor y que éste no es ningún arcángel.
Lunes 03 de enero de 2011, 11:00 p.m.

¿Qué nos depara el feliz año nuevo?


Olor a muerte en el pueblo.
Fotografía: Jorge Romen

La Navidad ya pasó, y el año nuevo abre sus fauces para devorarnos. ¿Quién sabe que nos depare este feliz año nuevo? De seguro algún terremoto (esta misma noche ya nos lo hizo saber un temblor de 5.30 grados en la escala de Richter, que ha movido los frágiles cimientos de El Salvador y no deja ninguna duda sobre qué suelo estamos parados). El coletazo de un huracán que con su furia toque la campiña y se pierdan cosechas, y que las serpientes de asfalto sean acueductos que depositen repuntas en ríos malolientes y arrastren autobuses, personas, basuras... O el frío nos haga temblar como esquimales.




Lunes 03 de enero de 2011, 10: 21 p.m.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Palabras que pretendieron ser de agradecimiento

Rosas y espinas.
Fotografía: Daniela Calzia

Érase una vez un camino lleno de guijas, de cardos y de espinas. Se sentía, como sendero, inútil, pues no conducía a nadie a nada bueno: el que decidía cruzarlo salía con los pies lastimados, con cardenales y punzones. Entonces, el camino le dijo a Dios: ¡Señor, quítame estas guijas, estos cardos y estas espinas! Quiero ser un camino limpio y conducir a puerto seguro al que por aquí transite.
El Señor quitó los obstáculos del camino y limpio quedó el sendero. Ahora el camino está plantado de rosas, hortensias, dalias, mirtos, claveles y se aspira un aire saturado de azahar. El transeúnte puede marchar en paz y salir del camino sin ningún rasguño.
* * *
Dios habitó en el corazón del ser humano, y el ser humano se complació en Él y sintió que era bueno. Y Dios, también se complació en el ser humano y éste le agradeció, orándole así: Gracias, Señor, por habitar en mí y ser mi fuerza, mi pan y mi refugio. Ayer tenía miedo de caer en el abismo y de pasar por el sendero plantado de púas, pero ya no le temo más.
Y el Señor le contestó: Tienes que ser como un roble; confía en Mí y vencerás tus miedos. Tú eres mi más perfecta creación y eres capaz de superar las más imposibles pruebas de la vida.

martes, 30 de noviembre de 2010

La costumbre de no decir mentiras

La verdad y la mentira... un enigma sin fin.
Fotografía: Jorge Rosso

La maestra Karla Milena Fuentes me encomendó, a través de Andrea María, las palabras de agradecimiento con motivo de la clausura del año escolar, que se celebraría el viernes diecinueve de noviembre. No iba a decir, NO a semejante privilegio, pero implicaba escribir una nota (para mí) farisea y trillada. Escribir y leer cosas que siempre se dicen, aunque no se sientan, como por ejemplo: Los padres y madres de familia agradecemos a la directora del colegio, al personal docente y al personal administrativo... Agradecemos a la directora la férrea disciplina que aplica en el colegio... No nos cansamos de agradecer a la directora... Y finalmente, sabemos que el colegio...
Para mí era (o fue) hacer un esfuerzo sobrehumano, porque no iba a dejarme llevar por lo fútil, lo fácil, lo trillado. O sea, escribir sobre asuntos en los que no necesito lentes para ver, me parece, lamentablemente, una pérdida de fósforo y de tiempo. Así que decidí escribir una nota con la cual motivaba a los y a las jóvenes a no dejarse vencer por los miedos que, como fantasmas, aparecen de la nada ante una nueva adversidad. Como por ejemplo, lo que dice en la nota "Palabras que pretendieron ser de agradecimiento": Gracias, Señor, por habitar en mí y ser mi fuerza, mi pan y mi refugio. Ayer tenía miedo de caer en el abismo y de pasar por el sendero plantado de púas, pero ya no le temo más.
Y así, pues, salvé el asunto no diciendo mentiras (que al fin y al cabo eso es ser consecuente con uno mismo) y no contribuí a la costumbre (de expresar mentiras), para que ésta no se vuelviera ley.



Anacrónica estación

Salamanca. Lluvia en la Plaza Mayor.
Fotografía: Juan Bosco Hernández

Cae una lluvia melancólica. Tal parece que el invierno esta aferrado a su estación y le da tanta pena marcharse, que llora muellemente tocando las puertas del tejado. Es una lluvia calma, con mucha saudade en su corazón. Nada de gritos coléricos (de chico pensaba que eran caballos galopando) desde el cielo ni los flashes que la serpiente eléctrica destelle (creía que en el cielo había boda y les sobraba tanto rollo fotográfico, que lo desperdiciaban captando imágenes de la Tierra) desde arriba, y luego, el fustazo que revienta cuando toca suelo benigno.
Nadie (ni ella misma) quiere recordar los copiosos aguaceros (culpa de las válvulas abiertas), constructores de calamidad y sembradores de cruces. No, ahora mismo quiere reconciliarse tocando con delicada lluvia, el tejado y el suelo nuestro, y pregunta: ¿Me voy o me quedo? No escucha voz alguna que le responda, pero la certeza estruja su corazón, porque sabe (y comprende) que no volverá sino hasta el año siguiente.
Del campanario, once voces nocturnas se quedan vibrando por un momento, y el viento, cómplice, las desliza sobre la techumbre de esta abigarrada ciudad. Cesa la lluvia. Es hora de dormir, y esta vez, espero que la anacrónica estación, tome las de Villadiego.




Antiguo Cuzcatlán, 17 de noviembre de 2010, 11:00 p.m.