sábado, 8 de agosto de 2009

Los libros de Historia

El reverso de la Historia.
Fotografía: Ángel Pineda


Porque esa manía de perpetuarse en el poder ya no cabe en estos tiempos. Los libros de Historia ya no quieren guardar en su seno más folios malhechos escritos con golpes de estado, con sangre, con engaños, con muerte. Los libros de Historia se están volviendo mamotretos que la gente aborrece con razón: ya no debieran registrarse hechos que sólo consiguen alzar al protagonista (que es lo que quiere) en un pedestal que ni por méritos merece, muchos menos por probidad. De todas maneras, los políticos, de la Historia no aprenden nunca. Entonces, ¿de qué sirve tanto hecho anotado con sangre?
A los políticos nadie los traga (sólo sus amados discípulos), pero ni con agua, porque hieden a corrupción, a juego sucio.
El Tiempo y la Historia los juzgarán, aunque ya quizás, ni en ella caben.

jueves, 6 de agosto de 2009

La pálida luna

Luna y campanario.
Fotografía: Juan Ramón Rodríguez Sosa


Veo la palida luna alzarse sobre la torre del campanario. Sin duda, en franca competencia con la moderna estructura de Los Santos Niños Inocentes. La retina guardará con celo estas imágenes y la mano, algún día, espera copiarlas fielmente en un lienzo.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Monumento a la desgracia

Hay obras que nunca debieron ingresar a la categotría de literarias. Por su facilidad de lectura, por su nada compleja trama, porque no ofrecen un salto cualitativo (léase intelectual) en la mente del lector, por su predecible desenlace. Literatura light, que pretende ser monumento, y sin duda lo será, pero un monumento a la desgracia.

Después de la guerra, la gloria

Morrigan diosa de la guerra, la muerte y la sexualidad.
Fotografía: Cinthya De anda


Eran mis manos adolescentes las que un día, en cuerpo de mujer otoñal se quedaron mudas, y fue ella quién, precisamente me ayudara a que estas mismas manos hablaran frenéticamente con un disparo de gloria y cayera exhausto después de la guerra.

martes, 4 de agosto de 2009

Don Adrián

Friends/Amistad
Fotografía: Víctor Nuño


Don Adrián es un viejo amigo. Digo viejo, no por la edad (aunque ya tiene los años suficientes para llamarlo así, sin que mis palabras tengan un tinte peyorativo) sino porque siento como que ya lo conociera desde hace mucho tiempo. Me cuenta que vivió mucho tiempo en Estado Unidos y que luego, hará unos tres o cuatro años se regresó no sé por qué. Es bajito como un alfiler y los años ya pesan en su espalda. Se dedica a hacer moldulas, bastidores y está intentando pintar. Digo "está intentando pintar", porque al igual que a mí, nos falta mucho para que un día digamos con nuestra gran boca "pintamos." Un día el profesor GerberPolío, muy serio y en broma le dijo que ya tenía que pintar cuadros de mayor formato. Y don Adrián me comenta que va a elaborar un bastidor de mayores dimensiones para pintan aún no sabe qué, y yo le digo que está bien, que lo haga.
Don Adrían es un persona muy callada, que muy difícilmente va comentar a alguien sus cuitas y me dice que sólo conmigo habla y ha hecho amistad en el curso de Pintura. Honor que me hace don Adrián, digo.

Celebración

Celebración.
Fotografía: Memo Vásquéz


El domingo mismo fuimos con mi hermano a Míster Donut a celebrar mi cumpleaños: una taza de café con semita él y una taza de café con quesadillan yo. Más con intenciones de estrechar los lazos sanguíneos, que festejar mi natalicio creo, porque nosotros así lo hacemos y lo entendemos. La intención cuenta y el motivo o la razón para el festejo nada más es una excusa para acercarnos y conversar sobre temas de los que casi no hablamos: la familia, el trabajo, mi padre, mi madre...
Mi cumpleaños no lo celebré a lo grande. Tampoco reclamo a mis parientes el por qué se les olvidó tan importante (para mí) fecha y no me felicitó. Creo que cada uno lo celebra en su corazón y eso basta.

lunes, 3 de agosto de 2009

Una fecha que no es y un nombre que quiso y no fue

Cerveza alemana.
Fotografía: Luis Miguel López Góngora


Mi nacimiento biológico fue ayer, pero civilmente nací hoy. Y todo porque mi padre, que era (digo era, porque ahora, hombre converso tiene a Dios como Dios y el dedo índice de Éste, listo para la reprimenda) muy adicto al lúpulo y a la lija (la cerveza y el aguardiente), el dos andaba en nupcias con ésta y con aquél y pensó, que como era día laboral y no fue a la alcadía a registrame, tendría, como era lógico, de una multa por pagar; pero como siempre, para una enfermedad hay una medicina y para cada problema hay un artificio que aplicar, se dijo que al manifestar ante la funcionaria que mi nacimiento había tenido lugar el tres de agosto, Día del Comercio y asueto remunerado, no incurriría en tal pena, y así fue, porque mi nacimiento quedó registrado el tres y no el dos, como debería ser.
Otro de los aspectos (cómicos, diría yo) en torno a mi nacimiento, es que por haber nacido en una fecha cercana al día del Divino Salvador del Mundo, patrono de El Salvador, me llamarían Salvador. Ahora pienso y digo: ¡Qué feo: me llamarían Chamba! (Chamba, yo lo escribiría con uve y no con be labial, porque de este modo conserva la "v" del nombre original; además, chamba en El Salvador, también le damos el cambio semántico de trabajo, empleo.)
Bueno, en fin, no sé a quién de los dos, si a mi padre o a mi madre se le ocurrió inscribirme y luego bautizarme como Julio César, que sí es un nombre con el me siento muy a mis anchas.